Nombrar, medir y prevenir: la disputa política detrás de los femicidios en Argentina
13 de Agosto de 2026
¿Puede un Estado prevenir los femicidios si deja de nombrarlos, medirlos y diseñar políticas específicas para enfrentarlos?
Primera parte: “Cuando el Estado llega tarde: Tres femicidios y una misma pregunta”.
Los femicidios de Agostina Vega, Dulce Candia y Noelia Romero ocuparon el centro de la discusión pública en Argentina a finales de mayo y comienzos de junio de 2026. Pero mientras las investigaciones judiciales avanzaban y miles de personas se preparaban para una nueva movilización de Ni Una Menos, reaparecían con fuerza debates que nunca dejaron de estar presentes.
Días antes de los tres femicidios, el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (RNFJA), elaborado por la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia, había publicado su informe anual correspondiente a 2025. Los datos registraban 200 víctimas directas de femicidio: la cifra más baja desde 2017 y una reducción respecto de las 228 víctimas de 2024.
Distintos sectores políticos rápidamente apropiaron el dato como evidencia de éxito en la gestión y el gobierno nacional lo presentó como resultado de sus políticas de seguridad. Sin embargo, el análisis requiere al menos tres capas de lectura que el dato bruto no ofrece.
Las diferencias entre registros no son exclusivas de Argentina. Organismos como ONU Mujeres, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la CEPAL trabajan desde hace años para armonizar los criterios de medición de femicidios y feminicidios. La pregunta, entonces, no es únicamente cuántos casos hubo. También importa saber qué se está contando, qué queda fuera de los registros y qué conclusiones pueden extraerse legítimamente de una variación estadística. En 2026, entre el 1 de enero y el 30 de mayo, la organización Mumala registró 105 femicidios: uno cada 35 horas, según su propio informe.
La discusión sobre las cifras ocurre en paralelo a otro debate: el lugar que ocupan las políticas de género en la agenda estatal. En enero de 2025, durante el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente Javier Milei cuestionó públicamente la figura del femicidio y afirmó que la existencia de agravantes específicas para los asesinatos de mujeres vulneraba el principio de igualdad ante la ley.
La declaración no fue aislada. Desde diciembre de 2023, el gobierno nacional eliminó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, derogó el programa Acompañar (que brindaba asistencia económica a mujeres en situación de violencia) y redujo distintos dispositivos territoriales de abordaje integral.
La Línea 144, principal canal de orientación y asistencia para mujeres que atraviesan situaciones de violencia continuó funcionando, aunque organizaciones de la sociedad civil y trabajadoras del sistema denunciaron recortes y dificultades operativas.
La discusión escaló aún más cuando el entonces ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, anunció que el gobierno impulsaría la eliminación de la figura de femicidio del Código Penal argentino. Aunque la propuesta no prosperó, reabrió un debate que parecía saldado desde la sanción de la Ley 26.791 en 2012.
La disputa no es solamente jurídica. También es política. Nombrar un fenómeno implica reconocer su existencia, producir información específica sobre él y diseñar respuestas diferenciadas. Cuando las categorías desaparecen de la política pública, también pueden desaparecer los presupuestos, los protocolos y los indicadores necesarios para evaluar el problema.
La ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, ofreció un ejemplo de esta lógica cuando, en la misma conferencia de prensa en la que celebró la reducción de los «homicidios de mujeres», afirmó que su Ministerio no contaba con categorías para monitorear femicidios. La declaración resulta llamativa si se considera que el propio organismo publicó informes estadísticos específicos sobre femicidios hasta 2023, lo que sugiere una decisión política de dejar de producir esos datos antes que una imposibilidad técnica.
En ese mismo contexto, un proyecto impulsado por la senadora Carolina Losada busca aumentar las penas por denuncias falsas e incorporar agravantes específicas cuando la acusación involucre hechos de violencia de género. El argumento es que hay una «ola» de falsas denuncias que perjudica a hombres inocentes.
Los datos, sin embargo, son contundentes en sentido contrario. El Observatorio de Violencia de Género de los Ministerios Públicos analizó más de ocho millones de expedientes entre 2023 y 2025, y concluyó que las falsas denuncias representan apenas el 0,09% del total de los casos analizados. El mismo informe señaló que el principal problema continúa siendo la subdenuncia.
En diciembre de 2025, el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (MESECVI) alertó sobre la creciente difusión en América Latina de discursos e iniciativas legislativas basadas en la supuesta alta incidencia de falsas denuncias por violencia de género. El organismo advirtió que no existen datos ni estudios fiables que sustenten esa narrativa y señaló que estas propuestas pueden desalentar denuncias legítimas y limitar el acceso efectivo de mujeres y niñas a la justicia.
El 3 de junio de 2026, a once años de la primera movilización de Ni Una Menos, miles de personas volvieron a marchar en distintas ciudades argentinas.
La cercanía temporal con los femicidios de Agostina Vega, Dulce Candia y Noelia Romero otorgó a las movilizaciones una dimensión particular. No se trataba solamente de recordar una fecha emblemática, también era una respuesta a hechos que todavía estaban ocurriendo y cuyas investigaciones siguen abiertas.
La repercusión trascendió las fronteras argentinas. Medios internacionales como The Guardian, Türkiye Today, ABC News, la agencia Associated Press, El País, Reuters, CNN en español, El Mundo y ABC Australia cubrieron tanto los casos como las movilizaciones, y los analizaron en el contexto de las políticas del gobierno de Milei hacia la cuestión de género. Argentina volvió a ocupar titulares globales no por un logro, sino por la persistencia de una crisis que el gobierno nacional no quiere, o no puede, nombrar con el nombre que le corresponde.
La cobertura mediática de la violencia de género no ocurre en un vacío. Existen estándares nacionales e internacionales que establecen criterios mínimos para una cobertura responsable.
Todos coinciden en principios similares: no revictimizar, no reproducir el relato del agresor como verdad, no exponer innecesariamente la vida privada de la víctima, usar la terminología jurídica correcta y contextualizar cada caso en la problemática estructural.
Sin embargo, durante la cobertura de los tres femicidios recientes, parte de la prensa volvió a incurrir en errores recurrentes: la exposición innecesaria de detalles morbosos, la búsqueda de explicaciones en la conducta de las víctimas o la utilización de expresiones como «homicidio de una mujer» en lugar de femicidio.
La elección de palabras en el periodismo tiene efectos sobre la percepción pública del fenómeno, sobre la disposición de las víctimas a denunciar y sobre la presión social que se ejerce (o no) sobre las instituciones para que actúen con perspectiva de género. Llamar a la violencia de género por su nombre no es un acto de militancia, es periodismo riguroso.
La negativa a nombrar el femicidio tiene consecuencias materiales que se encadenan. Si el Ministerio de Seguridad no produce datos propios sobre femicidios, no puede diseñar políticas públicas específicas de prevención. Si el fiscal no investiga desde el inicio una muerte violenta de una mujer bajo la posible hipótesis de femicidio, la investigación puede avanzar sin incorporar los protocolos y criterios periciales específicos que ese tipo de casos requiere. Si los dispositivos territoriales de asistencia se desfinancian o eliminan, las mujeres en situación de violencia pierden los canales institucionales que podrían interrumpir el escalamiento de la violencia antes de su desenlace letal. Y si el gobierno celebra una reducción estadística mientras desmantela las políticas que la producen, lo que festeja es, en términos analíticos, la destrucción de su propia evidencia.
Agostina tenía 14 años. Dulce, 17. Noelia, 30. Tres provincias, tres contextos, tres momentos distintos del ciclo institucional en los que el Estado llegó tarde o no llegó. Según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, en el 81% de los casos la víctima tenía algún vínculo previo con el agresor y en dos de cada tres femicidios el crimen ocurrió en la vivienda de la víctima o en la compartida con el femicida.
Los femicidas no son sujetos anómalos que aparecen de la nada: son, en la abrumadora mayoría de los casos, personas conocidas, del entorno inmediato, con historiales de violencia que el sistema pudo haber detectado antes. Que no lo haya hecho no es un accidente: es el resultado de decisiones institucionales, de marcos normativos que no se aplican y de políticas que se desmantelan.
A once años del primer Ni Una Menos, las preguntas que atravesaron los casos de Agostina Vega, Dulce Candia y Noelia Romero permanecen abiertas, y su respuesta no puede ser delegada ni al activismo ni a la prensa. Cómo se investigan las desapariciones de niñas y mujeres, cuándo se incorpora la perspectiva de género, qué herramientas conserva el Estado para prevenir la violencia y cómo se construyen las estadísticas que miden su alcance son, en última instancia, decisiones institucionales con consecuencias jurídicas, políticas y humanas. Son, también, el terreno donde el Estado de Derecho se pone a prueba.
Citación académica sugerida:Rubio Argüello, María Luz. Nombrar, medir y prevenir: La disputa política detrás de los femicidios en Argentina. Agenda Estado de Derecho. 2026/08/13. Disponible en: https://agendaestadodederecho.com/nombrar-medir-y-prevenir-en-argentina/
Palabras clave sugeridas: Argentina, violencia de género, femicidio.
¿Es importante profundizar sobre este tema?
Escribe tu artículo/respuesta sobre este tema y déjanos tu texto siguiendo las siguientes instrucciones
Comunicadora y periodista argentina con más de 10 años de experiencia en comunicación estratégica, periodismo de investigación y derechos humanos, con un enfoque actual en género y tecnología.
Comparte tu trabajo o perspectiva con nosotros, sigue las opciones dando clic en el siguiente botón.
Para saber a profundidad lo que pasa con los derechos humanos en América Latina y el Estado de Derecho suscríbete a nuestro boletín digital.
Abogada colombiana, LLM en International Legal Studies por la Universidad de Georgetown y Máster en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante. Es candidata a Doctora en Derecho por la Universidad de Georgetown. Actualmente se desempeña como Directora Asociada en el O'Neill Institute for National and Global Health Law y es docente en la Universidad de Georgetown y en programas de especialización y maestría en diversas universidades de América Latina. Anteriormente trabajó en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos donde tuvo varios cargos, principalmente como Coordinadora de la Sección de Casos a cargo de la etapa de fondo y del litigio ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Es profesora ayudante e investigadora predoctoral en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Tiene un Máster en Democracia y Gobierno, y un Máster en Gobernanza y Derechos Humanos, ambos de la UAM. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela. Es integrante del Lab Grupo de Investigación en Innovación, Tecnología y Gestión Pública de la UAM. Su tesis doctoral aborda la relación entre género, tecnologías y sector público, con un especial énfasis en la Inteligencia Artificial. También ha publicado sobre innovación pública y colaboración entre administraciones públicas y ciudadanía. Formó parte del equipo editorial de Agenda Estado de Derecho desde 2020 hasta febrero de 2022.
Abogada de la Universidad de Chile y Magíster en Derecho Internacional de la Universidad de Cambridge. En el ámbito profesional, se ha desempeñado en el extranjero como asistente legal en la Corte Internacional de Justicia y consultora para la International Nuremberg Principles Academy. En Chile, ha trabajado como abogada para el Comité para la Prevención de la Tortura, y actualmente se desempeña en la División de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Asimismo, es académica de Derecho Internacional Público en la Universidad de Chile. Sus áreas de investigación incluyen el derecho internacional de los derechos humanos, la regulación de la actividad policial y su conformidad con estándares internacionales, el derecho internacional humanitario y el derecho penal internacional.
Ex Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hasta el 5 de octubre de 2020. Abogado y docente uruguayo egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República de Uruguay (Udelar). Actualmente es senior fellow en El Diálogo Interamericano (The Interamerican Dialogue) y consultor en libertades informativas de UNESCO y organizaciones de la sociedad civil. Se desempeña como Secretario de Relaciones Internacionales y Gobierno Abierto del Gobierno de Canelones (Uruguay).
Docente y conferenciasta en el campo de la libertad de expresión y el derecho a la información en prestigiosas universidades, entre ellas American University (Washington), Unam (México), Universidad Carlos III (España), Stanford (California), Universidad del Pacífico (Perú), UBA (Argentina) Universidad Diego Portales (Chile), Udelar (Uruguay) y Universidad de los Andes (Colombia). Periodista, columnista y colaborador asiduo en distintos medios de comunicación.
José Luis Caballero Ochoa es Licenciado en Derecho por el Tecnológico de Monterrey, Campus Chihuahua; Maestro en Derecho, por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España. Diplomado en derechos humanos y procesos de democratización por la Universidad de Chile. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Es académico – investigador en el Departamento de Derecho en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, del que fue su Director por seis años. Actualmente es Comisionado de la Comisión Internacional de Juristas. Ha participado o participa en diversas comisiones o consejos públicos, ciudadanos y académicos en México, entre los que destacan: el Consejo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal; la Junta Directiva del Instituto Federal de la Defensoría Pública; el Comité Consultivo del Centro de Estudios Constitucionales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; el Comité Académico y Editorial del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la Comisión de Selección del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, entre otros. Docente en diversos programas académicos en materia de derecho constitucional y derechos humanos en centros de educación superior nacionales, y ponente en congresos y foros académicos especializados en México, Argentina, Brasil, Chile, Guatemala, Colombia, España, Estados Unidos y Perú. Su papel como consultor y especialista ha implicado la elaboración de proyectos de ley, dictámenes técnicos bajo la figura de amicus curiae y peritajes internacionales. Su obra publicada consiste en más de 80 capítulos de libros y artículos en revistas especializadas sobre derecho constitucional, derechos humanos y derecho internacional de los derechos humanos, así como algunos libros en estas materias.
Doctorando en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Argentina); Master en Derecho Penal y Procesal Penal por Osgoode Hall Law School, Universidad de York (Canadá); Diplomado Latinoamericano sobre Reforma Procesal Penal por la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales (Chile); Abogado con orientación en Derecho Penal por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Actualmente es el Director de Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP). Durante 8 años fue el Director del Área de Capacitación del Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA), organismo internacional de la Organización de Estados Americanos (OEA), creado en 1999 por resolución de la Asamblea General de la OEA, con sede en Santiago de Chile.
Fiscal de la Procuración General de la Nación Argentina. Es abogada por la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió con diploma de honor, Especialista en derecho penal y procesal penal por la Universidad Torcuato Di Tella y Máster en Derecho por la Universidad de Georgetown. Fue becaria de la Fundación Fulbright y perita de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es profesora de Garantías Constitucionales del Derecho Penal Sustantivo y Procesal Penal de la Universidad de Buenos Aires, de Género y Derecho Penal en la Maestría en Derecho Penal de la Universidad de San Andrés y profesora invitada en distintas universidades, de grado y posgrado. Es autora de varios artículos en publicaciones académicas sobre temáticas de género y derecho penal y de garantías constitucionales en el proceso penal.
Abogado, Magíster en Derecho y Posgrado en Derecho Constitucional y Derechos Humanos por la Universidad de Palermo. Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Responsable del Programa para la Aplicación de Instrumentos de Derechos Humanos del Ministerio Público de la Defensa de la Nación. Integrante de la Red Latinoamericana de Académicas/os del Derecho - ALAS. Fue docente en diferentes universidades de Argentina, e investigador y docente en el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile. Sus temas de especialización son Derecho Internacional de los Derechos Humanos, Acceso a la Justicia y No Discriminación.
Director Ejecutivo de Fundación Ciudadanía y Desarrollo, contacto nacional de Transparencia Internacional en Ecuador. Abogado y máster en Dirección y Gestión Pública, así como en Acción Política, Fortalecimiento Institucional y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho. Fue miembro suplente de la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador y asesor constitucional en el Consejo de Participación Ciudadana. Fellow del Centro para la Democracia, el Desarrollo y el Estado de Derecho de la Universidad de Stanford. Consultor para organizaciones nacionales e internacionales en temas de derechos humanos, libertad de expresión, acceso a la información, participación ciudadana, transparencia y lucha contra la corrupción.
Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de la República de Uruguay, magíster en Estudios Políticos por la Universidad Metropolitana de Venezuela y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Santa María con especialización en Gobernabilidad y Gerencia Política por la Universidad Católica Andrés Bello y The George Washington University. Autor del libro «Venezolanos en el Uruguay» (2019). Trabaja como editor de la plataforma Diálogo Político y coordinador de proyectos del Programa Regional Partidos Políticos y Democracia en América Latina de la Fundación Konrad Adenauer.
Abogado egresado de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala y con un Máster en Economía de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. En la actualidad, desempeña el cargo de Editor Asistente en el blog de la International Association of Constitutional Law (IACL) y es Director del área de Estudios Jurídicos en la Fundación Libertad y Desarrollo, un think tank basado en Ciudad de Guatemala. A nivel docente, ejerce como profesor tanto en la Universidad del Istmo como en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Adicionalmente, es columnista para el periódico guatemalteco La Hora. Sus principales áreas de investigación son el derecho constitucional y el derecho electoral.
Vicepresidenta de incidencia y litigio internacional del Robert F. Kennedy Human Rights. Baeyens lidera la estrategia de incidencia legal en derechos humanos de la organización, incluyendo el litigio de casos de alto impacto ante mecanismos de la ONU y sistemas regionales de protección, en temáticas relacionadas con la protección del espacio cívico y la lucha contra la discriminación, violencia e impunidad. Previamente se desempeñó como oficial de asuntos políticos en la ONU y como oficial de derechos humanos en la CIDH, donde también coordinó la Relatoría sobre personas defensoras. Es profesora adjunta de la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Recibió su título de abogada de la Universidad de Ibagué, Colombia, y su LL.M en derecho internacional de los derechos humanos de la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos.
Juez electo de la Corte Internacional de Justicia, además de profesor y director del Departamento de Derecho Público de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) y fundador del Centro de Derecho Internacional (CEDIN) y del Anuario Brasileño de Derecho Internacional. Tiene un máster de la UFMG y un doctorado de la Universidad París X Nanterre, y ha trabajado como jurista adjunto en el CIJ. Ha sido profesor visitante en el Institut des Hautes Études Internationales de la Université Panthéon-Assas Paris II, la Université Caen Basse-Normandie, la Université Paris-Ouest Nanterre la Défence y el Centro Lauterpacht de Derecho Internacional (Universidad de Cambridge, Reino Unido).
Abogado venezolano, egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. LL.M. en derecho internacional de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, y Magíster en políticas públicas de la Universidad de los Andes, en Colombia. Actualmente se desempeña como asesor legal senior del Centro de Derechos Reproductivos y docente de la Universidad de los Andes. Fue abogado de la Secretaría de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Directora Ejecutiva de la Fundación para el Debido Proceso (DPLF por sus siglas en inglés) organización regional dedicada a promover el Estado de derecho y los derechos humanos en América Latina. Antes de unirse a DPLF, fue Coordinadora Adjunta de la Unidad de Investigaciones Especiales de la Comisión de la Verdad de Perú, a cargo de la investigación de graves violaciones de derechos humanos ocurridas durante el conflicto armado interno en ese país. Previamente trabajó en la Adjuntía para los Derechos Humanos de la Defensoria del Pueblo de Perú y formó parte del equipo legal de la Coalición Contra la Impunidad (Alemania) que promovió el procesamiento penal en ese país de militares argentinos responsables de la desaparición de ciudadanos alemanes durante la dictadura argentina. Katya realizó sus estudios de derecho en la Pontifica Universidad Católica del Perú y de maestría en derecho internacional público en la Universidad de Heidelberg, Alemania.
Experto afiliado al Constitution Transformation Network de la Universidad de Melbourne e investigador asociado de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Doctor en Derecho por la Escuela de Derecho de la Universidad de Melbourne y una Maestria en Derecho Público e Internacional en esa misma casa de estudios, y una Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rafael Landívar. Tiene experiencia en gobierno, especificamente en negociacion de tratados y convenciones, litigio en instancias internacionales e implementacion de instrumentos en materia de derechos humanos, y como consultor para organismos financieros internacionales.
Candidato a doctor por la Facultad de Derecho de la Universidad de Ottawa (Canadá). Director de la Clínica de Derechos Humanos del Centro de Investigación y Enseñanza en Derechos Humanos (HRREC) y profesor de la Sección de Derecho Civil de la Universidad de Ottawa. Anteriormente trabajó en la Comisión Andina de Juristas, el Tribunal Constitucional y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú. Sus áreas de investigación son el Sistema Interamericano, Empresas y Derechos Humanos, Derecho Penal Internacional, TWAIL y libertad académica. Integrante del Grupo de Estudios Latinoamericano sobre Derecho Penal Internacional de la Fundación Konrad Adenauer.
Es abogada por la Universidad San Francisco de Quito, y tiene un LL.M. por el Washington College of Law de American University, con enfoque en Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Es candidata para el título de Doctora en Derecho por la Universidad Externado de Colombia. Ha trabajado como especialista en la Relatoría Especial para la Libre Expresión de la CIDH, Fundamedios y la Dirección Nacional de DDHH en Ecuador. Actualmente, es Directora del Observatorio de Derechos y Justicia de Ecuador, docente en la Universidad Internacional del Ecuador, y socia fundadora de Gentium Law Consultores.
Abogada costarricense, Máster en Derecho Internacional y Resolución de Conflictos por la Universidad para la Paz de las Naciones Unidas. Actualmente se desempeña como Directora Legal para América Latina en Women’s Link Worldwide, desde donde ejerce como estratega legal, líder de iniciativa y abogada litigante, con una gran responsabilidad para diseñar y liderar complejos proyectos legales, asimismo, es docente en la Universidad para la Paz, y en diversas universidades de Costa Rica. Anteriormente trabajó en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) como Directora del Programa para Centroamérica y México, en la Secretaría General de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y como consultora internacional. Marcia se especializa en el litigio estratégico con enfoque de género e interseccional.
Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Derecho Constitucional por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y en Derecho Constitucional y Ciencia Política por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid). Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Guerrero (México). Es Investigador Nacional nivel I del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT, México). En representación de México es miembro del Grupo de Justicia Constitucional y Derechos Fundamentales del Programa Estado de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad Adenauer.