La desaparición de personas en El Salvador: una deuda estatal del pasado y el presente

20 de Abril de 2022
La desaparición de personas en El Salvador: una deuda estatal del pasado y el presente
Foto: Tomado de Pixabay

A pesar de algunos avances, el Estado salvadoreño se encuentra en deuda con las víctimas de desapariciones y sus familiares.

Antecedentes y contexto

La desaparición de personas ha sido una constante en las últimas décadas en El Salvador. En su mayoría, las desapariciones han sido atribuidas a las pandillas, aunque las investigaciones penales dan cuenta que también son delitos cometidos por otras estructuras de crimen organizado y por particulares, en este último caso, en mayor proporción se trata de feminicidios cometidos por parejas o personas conocidas de las víctimas.

Fue una práctica sistemática que se documentó desde 1978 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y se profundizó durante la guerra civil a partir de 1980. La Comisión de la Verdad, estimó que pudo haber más de 5.500 víctimas por desaparición forzada; sin embargo, tanto organizaciones de la sociedad civil como la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos han estimado que, hasta finalizar el conflicto armado en 1992, se produjeron más de 8.000 desapariciones forzadas de personas, por lo que pudo haber un subregistro que no se documentó.

En la década de los noventa, las “maras” que se perfilaron como el principal fenómeno social y cultural del país, se expandieron rápidamente y lograron tener presencia en todo el territorio. La respuesta estatal ante el fenómeno fue la adopción de políticas de corte represivo o “mano dura”, y atribuir a estos grupos la responsabilidad de la grave situación de inseguridad en El Salvador.

Las pandillas se consolidaron progresivamente como estructuras criminales relacionadas con el alza de homicidios, la extorsión, el tráfico de drogas y otros delitos graves. Igualmente, mostraron el control de territorios mediante la ejecución y desmembramiento de personas, cuyos restos eran abandonados en lugares públicos. A partir de 2002 cambiaron su forma de operar y pasaron a privar de libertad, desaparecer a las personas y ocultar los cuerpos en fosas clandestinas.

La desaparición cometida por pandillas y otras estructuras del crimen organizado se caracteriza por la privación de libertad, acompañada de otros delitos como violación y vejaciones sexuales en el caso de niñas y mujeres, daños físicos o torturas previo a la ejecución, y el ocultamiento de los cuerpos de las víctimas comúnmente sepultadas en fosas individuales o colectivas.

Hasta 2019 el Código Penal (CP) regulaba exclusivamente la desaparición forzada y sus variantes (aquellas cometidas por agentes estatales o fuerzas de seguridad pública), mientras que las desapariciones cometidas por particulares se registraban como Privación de Libertad (Art. 148 CP). Ese mismo año se reformó el Código Penal y se introdujo el artículo 148-A, creando el delito de “Desaparición de Personas” que se refiere a la privación de libertad por cualquier forma, cuando la acción es seguida de la desaparición u ocultamiento del paradero o localización de la víctima.

De acuerdo con cifras oficiales la tasa de desaparecidos por cada cien mil personas en 2010 fue de 30.8, alcanzando el pico más alto en 2014 con una tasa de 65.9. La cifra disminuyó a partir de 2015. Para el 2018 la tasa fue de 49.9, aunque el número de desaparecidos aún representaban niveles pandémicos. En los últimos tres años la disminución ha sido drástica, para 2020 fue de 16.8, esta caída fue similar en el caso de los homicidios que pasaron de 50.8 en 2018 a 19.5 en 2020.

La causa de esta significativa reducción ha sido ampliamente cuestionada por organizaciones de la sociedad civil y la academia. Investigaciones periodísticas revelan que existe una negociación entre el gobierno y las pandillas y ponen en duda que la disminución de estos delitos sea el resultado de políticas públicas de seguridad, cuyos contenido y mecanismos de medición no son públicos.

La deuda presente

La respuesta estatal ante el fenómeno ha sido poco efectiva. Si bien en 2018 se adoptó el Protocolo de Acción Urgente y Estrategia de Búsqueda de Personas Desaparecidas, las autoridades niegan que el fenómeno haya crecido en el último año, pese a que la cifra de 2021 es superior a la del año anterior. Hasta octubre de 2021 se registraron 1.192 personas desaparecidas. Por otra parte, tampoco se han asumido los compromisos contenidos en dicho Protocolo: las víctimas denuncian que la búsqueda no inicia inmediatamente después del reporte y a veces se pide que hayan transcurrido 12 o 24 horas de la desaparición. Además, tampoco se ha creado el Registro de Personas Desaparecidas, ni el Banco Genético de Víctimas.

Las carencias en las investigaciones, la inercia estatal y hasta agravios a las víctimas y sus familiares, ha llevado a estos últimos a organizarse para investigar el paradero de sus desaparecidos por sus propios medios, a la vez que denuncian el incumplimiento del deber de investigar la desaparición y buscar a los responsables. Los casos conocidos en 2021, son una muestra de la desidia estatal y de la gravedad del fenómeno.

Entre los casos más emblemáticos de ese año se destacan el hallazgo fortuito de once fosas en la casa de un expolicía en el municipio de Chalchuapa, departamento de Ahuachapán, donde se encontraron doce cuerpos; la desaparición de los jóvenes Karen y Eduardo Guerrero Toledo, ocurrida en septiembre, y de la joven futbolista, Jimena Ramírez, un mes después. Los cuerpos de estas tres víctimas fueron localizados en fosas clandestinas en el municipio de Nuevo Cuscatlán, del mismo departamento, a fines de 2021. Las investigaciones en la misma zona han descubierto otros 23 cuerpos, según reportaron las autoridades en febrero de 2022

El Estado Salvadoreño sigue en deuda con las víctimas de las desapariciones forzadas del conflicto armado y las desapariciones actuales, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su informe de país 2021, hizo un llamado al Estado a adoptar todas las medidas necesarias para asegurar que el marco normativo y actuación de las autoridades en casos de personas desaparecidas, incluyendo la investigación, sistematización y recolección de información, se ajusten a los estándares internacionales.

Las autoridades tienen el reto de priorizar la búsqueda, determinar el paradero, informar sobre los avances investigativos y garantizar un trato empático a las víctimas sobrevivientes de personas desaparecidas. La conformación de una mesa de trabajo con organizaciones de sociedad civil con participación de las víctimas, solicitada a la Fiscalía en enero de 2022 por distintas organizaciones de la sociedad civil, es una oportunidad para revisar y mejorar las políticas de seguridad y para unificar esfuerzos entre Estado y sociedad. Asimismo, se encuentra pendiente crear el registro de personas desaparecidas, el banco de ADN de víctimas, conformar una mesa de trabajo con víctimas y sus representantes, que son algunas de las propuestas.

No se debe olvidar que el sufrimiento de las víctimas que buscan a sus desaparecidos es permanente, genera daños irreversibles en las estructuras familiares y ha sido considerado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como una violación continua de derechos humanos. La esperanza de encontrarlos vivos es lo que a veces mantiene con vida a madres. padres, familiares y personas que buscan.

Citación académica sugerida: Navas, Zaira. La desaparición de personas en El Salvador: una deuda estatal del pasado y el presente, Agenda Estado de Derecho, 2022/04/20. Disponible en: https://agendaestadodederecho.com/la-desaparicion-de-personas-en-el-salvador-una-deuda-estatal-del-pasado-y-el-presente/

Palabras clave: El Salvador; desaparición de personas, conflicto armado, pandillas.

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ACERCA DE LA AUTORA
Zaira Navas

Abogada y máster en Gerencia Pública, Justicia y Seguridad. Más de 25 años de experiencia en la defensa de los derechos humanos.

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Silvia Serrano

Abogada colombiana, LLM en International Legal Studies por la Universidad de Georgetown y Máster en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante. Es candidata a Doctora en Derecho por la Universidad de Georgetown. Actualmente se desempeña como Directora Asociada en el O'Neill Institute for National and Global Health Law y es docente en la Universidad de Georgetown y en programas de especialización y maestría en diversas universidades de América Latina. Anteriormente trabajó en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos donde tuvo varios cargos, principalmente como Coordinadora de la Sección de Casos a cargo de la etapa de fondo y del litigio ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

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Es profesora ayudante e investigadora predoctoral en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Tiene un Máster en Democracia y Gobierno, y un Máster en Gobernanza y Derechos Humanos, ambos de la UAM. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela. Es integrante del Lab Grupo de Investigación en Innovación, Tecnología y Gestión Pública de la UAM. Su tesis doctoral aborda la relación entre género, tecnologías y sector público, con un especial énfasis en la Inteligencia Artificial. También ha publicado sobre innovación pública y colaboración entre administraciones públicas y ciudadanía. Formó parte del equipo editorial de Agenda Estado de Derecho desde 2020 hasta febrero de 2022.

Catalina Fernández Carter

Abogada de la Universidad de Chile y Magíster en Derecho Internacional de la Universidad de Cambridge. En el ámbito profesional, se ha desempeñado en el extranjero como asistente legal en la Corte Internacional de Justicia y consultora para la International Nuremberg Principles Academy. En Chile, ha trabajado como abogada para el Comité para la Prevención de la Tortura, y actualmente se desempeña en la División de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Asimismo, es académica de Derecho Internacional Público en la Universidad de Chile. Sus áreas de investigación incluyen el derecho internacional de los derechos humanos, la regulación de la actividad policial y su conformidad con estándares internacionales, el derecho internacional humanitario y el derecho penal internacional.

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Ex Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hasta el 5 de octubre de 2020. Abogado y docente uruguayo egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República de Uruguay (Udelar). Actualmente es senior fellow en El Diálogo Interamericano (The Interamerican Dialogue) y consultor en libertades informativas de UNESCO y organizaciones de la sociedad civil. Se desempeña como Secretario de Relaciones Internacionales y Gobierno Abierto del Gobierno de Canelones (Uruguay).

Docente y conferenciasta en el campo de la libertad de expresión y el derecho a la información en prestigiosas universidades, entre ellas American University (Washington), Unam (México), Universidad Carlos III (España), Stanford (California), Universidad del Pacífico (Perú), UBA (Argentina) Universidad Diego Portales (Chile), Udelar (Uruguay) y Universidad de los Andes (Colombia). Periodista, columnista y colaborador asiduo en distintos medios de comunicación.

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José Luis Caballero Ochoa es Licenciado en Derecho por el Tecnológico de Monterrey, Campus Chihuahua; Maestro en Derecho, por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España. Diplomado en derechos humanos y procesos de democratización por la Universidad de Chile. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Es académico – investigador en el Departamento de Derecho en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, del que fue su Director por seis años. Actualmente es Comisionado de la Comisión Internacional de Juristas. Ha participado o participa en diversas comisiones o consejos públicos, ciudadanos y académicos en México, entre los que destacan: el Consejo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal; la Junta Directiva del Instituto Federal de la Defensoría Pública; el Comité Consultivo del Centro de Estudios Constitucionales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; el Comité Académico y Editorial del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la Comisión de Selección del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, entre otros. Docente en diversos programas académicos en materia de derecho constitucional y derechos humanos en centros de educación superior nacionales, y ponente en congresos y foros académicos especializados en México, Argentina, Brasil, Chile, Guatemala, Colombia, España, Estados Unidos y Perú. Su papel como consultor y especialista ha implicado la elaboración de proyectos de ley, dictámenes técnicos bajo la figura de amicus curiae y peritajes internacionales. Su obra publicada consiste en más de 80 capítulos de libros y artículos en revistas especializadas sobre derecho constitucional, derechos humanos y derecho internacional de los derechos humanos, así como algunos libros en estas materias.

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Doctorando en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Argentina); Master en Derecho Penal y Procesal Penal por Osgoode Hall Law School, Universidad de York (Canadá); Diplomado Latinoamericano sobre Reforma Procesal Penal por la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales (Chile); Abogado con orientación en Derecho Penal por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Actualmente es el Director de Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP). Durante 8 años fue el Director del Área de Capacitación del Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA), organismo internacional de la Organización de Estados Americanos (OEA), creado en 1999 por resolución de la Asamblea General de la OEA, con sede en Santiago de Chile.

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Directora Ejecutiva de la Fundación para el Debido Proceso (DPLF por sus siglas en inglés) organización regional dedicada a promover el Estado de derecho y los derechos humanos en América Latina. Antes de unirse a DPLF, fue Coordinadora Adjunta de la Unidad de Investigaciones Especiales de la Comisión de la Verdad de Perú, a cargo de la investigación de graves violaciones de derechos humanos ocurridas durante el conflicto armado interno en ese país. Previamente trabajó en la Adjuntía para los Derechos Humanos de la Defensoria del Pueblo de Perú y formó parte del equipo legal de la Coalición Contra la Impunidad (Alemania) que promovió el procesamiento penal en ese país de militares argentinos responsables de la desaparición de ciudadanos alemanes durante la dictadura argentina. Katya realizó sus estudios de derecho en la Pontifica Universidad Católica del Perú y de maestría en derecho internacional público en la Universidad de Heidelberg, Alemania.

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Experto afiliado al Constitution Transformation Network de la Universidad de Melbourne e investigador asociado de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Doctor en Derecho por la Escuela de Derecho de la Universidad de Melbourne y una Maestria en Derecho Público e Internacional en esa misma casa de estudios, y una Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rafael Landívar. Tiene experiencia en gobierno, especificamente en negociacion de tratados y convenciones, litigio en instancias internacionales e implementacion de instrumentos en materia de derechos humanos, y como consultor para organismos financieros internacionales.

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Es abogada por la Universidad San Francisco de Quito, y tiene un LL.M. por el Washington College of Law de American University, con enfoque en Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Es candidata para el título de Doctora en Derecho por la Universidad Externado de Colombia. Ha trabajado como especialista en la Relatoría Especial para la Libre Expresión de la CIDH, Fundamedios y la Dirección Nacional de DDHH en Ecuador. Actualmente, es Directora del Observatorio de Derechos y Justicia de Ecuador, docente en la Universidad Internacional del Ecuador, y socia fundadora de Gentium Law Consultores.

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Abogada costarricense, Máster en Derecho Internacional y Resolución de Conflictos por la Universidad para la Paz de las Naciones Unidas. Actualmente se desempeña como Directora Legal para América Latina en Women’s Link Worldwide, desde donde ejerce como estratega legal, líder de iniciativa y abogada litigante, con una gran responsabilidad para diseñar y liderar complejos proyectos legales, asimismo, es docente en la Universidad para la Paz, y en diversas universidades de Costa Rica. Anteriormente trabajó en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) como Directora del Programa para Centroamérica y México, en la Secretaría General de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y como consultora internacional. Marcia se especializa en el litigio estratégico con enfoque de género e interseccional.

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Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Derecho Constitucional por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y en Derecho Constitucional y Ciencia Política por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid). Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Guerrero (México). Es Investigador Nacional nivel I del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT, México). En representación de México es miembro del Grupo de Justicia Constitucional y Derechos Fundamentales del Programa Estado de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad Adenauer.