Neuroderechos: de la novedad a la reconceptualización

19 de Julio de 2022
Neuroderechos: de la novedad a la reconceptualización
Crédito foto: Unsplash

El éxito a largo plazo de los neuroderechos dependerá de nuestra habilidad para reconceptualizar las garantías preexistentes y actualizarlas sobre la base de significados robustos.

Desde que en 2017 se publicara un importante artículo de Ienca y Andorno, seguido de la mediática propuesta de la NeuroRights Foundation, han sucedido muchos hechos relevantes para América Latina en cuestión de neuroderechos: una reforma constitucional en Chile, proyectos de ley en Argentina y Brasil, y sendas declaraciones del Parlatino y el Comité Jurídico Interamericano. En el caso chileno, la modificación de su Carta Fundamental establece que “el desarrollo científico y tecnológico estará al servicio de las personas” y que se deberá “resguardar especialmente la actividad cerebral, así como la información proveniente de ella”.

¿Qué son los neuroderechos? En esencia, se trataría de garantías específicamente diseñadas para afrontar desafíos éticos de gran calado relacionados con el avance de la neurotecnología, y que tienen que ver con posibles afectaciones a derechos fundamentales de las personas. Aunque inicialmente había notable entusiasmo con la posibilidad de desarrollar derechos de novo, el tiempo parece estar dando la razón a las voces que advertían que los bienes a proteger (privacidad, identidad, libertad de pensamiento, no discriminación…) siguen siendo los mismos por mucho que puedan necesitar una actualización a la luz de las novedades disruptivas de la neurotecnología. Estamos en un momento en el que incluso la NeuroRights Foundation parece haber asumido que la implantación debe pasar por una reconceptualización más que por una generación de derechos, como parece desprenderse de su reciente informe.

Hacia la reconceptualización

La reconceptualización debe exhibir los componentes axiológico-dogmáticos afines a las diversas tradiciones jurídicas, que en el caso de América Latina beben del derecho positivizado de procedencia continental europea. Analizar cuestiones tales como lagunas, inconsistencias, contradicciones y redundancias normativas es una tarea imprescindible que, por cierto, ha deparado innumerables discusiones en el ámbito de la ciencia del derecho a lo largo de su inmensa historia.

En pos de dicha tarea, la perspectiva semiótica y semántica de los conceptos se nos antoja un estadio inicial básico. Resulta prioritario trabajar en una taxonomía etimológica de los conceptos en liza, así como someterlos a juicios de resistencia semántica propios del lenguaje jurídico. En este segmento, mucho han de aportar los saberes vinculados al estudio del lenguaje, todos los cuales se hallan inextricablemente vinculados a la noción de mente. La propia idea de reconceptualizar parte de la noción de concepto, entendido semióticamente como una representación mental de un significante. Reconceptualizar derechos conllevará, así, actualizar sus representaciones mentales. Para ello, deberemos juzgar nuevamente los significantes.

Será menester ir en búsqueda de un adecuado equilibrio entre la necesidad real de neologizar y la no menos importante de evitar superposiciones de conceptos y, con ellos, de normas. Acudir al viejo principio de Ockham para no suponer más entidades que las estrictamente necesarias parece lo más prudente. La resistencia semántica pasará, de este modo, por evitar tenores ambiguos, imprecisos o vagos, tarea propia de la filosofía analítica que proponemos desempeñar desde el saber neurojurídico.

Algunos conceptos controvertidos

La tarea a la que aludimos deberá afrontar el análisis de diversos conceptos ciertamente complejos. Rommelfanger, Pustilnik y Salles destacaban acertadamente hace escasos meses que, si bien en la última versión del proyecto de ley chileno se ha prescindido finalmente de conceptos como “identidad” y “continuidad psicológica”, aún permanecen otros igualmente imprecisos como “integridad mental”, con difícil interpretación para los tribunales. Las autoras resaltaban además el hecho de que el proyecto se focaliza en las neurotecnologías directamente relacionadas con el cerebro y deja fuera aquellas que conectan con el sistema nervioso periférico.

Ligthart, por su parte, argumenta elocuentemente que el significado y alcance precisos de la noción de “pensamiento”, que aparece por ejemplo en el Artículo 9 de la Convención Europea de Derechos Humanos, siguen siendo poco claros. Bublitz advierte vaguedad también en el concepto de privacidad, del que destaca su vínculo con el derecho a la personalidad, que abarca pretensiones de no interferir en el cuerpo y la mente (integridad física y mental) y de desarrollar libremente las propias capacidades.

Todas estas advertencias vienen a robustecer una idea expuesta recientemente por el propio Bublitz: antes de establecer categórica y urgentemente una regulación carente de estos impostergables pasos dogmáticos, debería hacerse un llamado a la discusión académica en la que, según nuestra propuesta, los neurojuristas tienen mucho que aportar. Una de sus contribuciones más importantes consistiría en dilucidar si los nuevos derechos aportan algún valor ético y legal añadido que no venga dado ya por derechos bien asentados como la intimidad, la libertad de pensamiento o la no discriminación, por poner solo tres ejemplos. Igualmente importante es resaltar que no cabe ignorar los intereses políticos y lobbistas que pueden influir en el proceso de reconceptualización, opinión que hemos compartido con diversos miembros de la academia en intercambios informales y a la que nos adherimos fuertemente.

Una aportación sobre la identidad

Como aportación particular, nos preguntamos por el caso de la continuidad psicológica, definida por Ienca y Andorno como “el requisito crucial de la identidad personal que consiste en sentirse a uno mismo como persistente a lo largo del tiempo como la misma persona”. ¿No debería este concepto tener en cuenta perspectivas antropológico-culturales como las que los latinos e ibéricos tenemos incorporadas en nuestro inconsciente colectivo? Sugerimos con tono recomendablemente propositivo que en la noción de identidad se tenga en cuenta no solo la dimensión psicológica, sino que se incluya una dimensión de pertenencia cultural referente a la autopercepción identitaria.

Esta sugerencia, que ha sido tenida en cuenta en la declaración del Parlatino, tiene impacto en el plano de los derechos supranacionales, cuya amplitud da cabida a las singularidades de las distintas regiones del planeta representadas en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Se trata de continuar estudiando el enorme recorrido axiológico que la cuestión de la identidad ha tenido en nuestra región, con especial fuerza en países como Argentina, donde se implementaron sendas leyes sobre la identidad de género y sobre la identidad de los descendientes de desaparecidos durante la dictadura militar.

No podemos obviar el hecho de que en la identidad de una persona interviene toda una variedad de factores no solo puramente psicológicos, sino también de índole social, ideológica, religiosa y cultural. Es la identidad, en fin, un elemento constitutivo eminentemente dinámico, sujeto a importantes cambios. Esta idea enfatiza el carácter mutable del ser-sí-mismo percibido y relativiza la noción de continuidad, sin negarla. Además, permite incorporar los rasgos que individualizan las diversidades culturales de las personas pasibles de afectaciones neurotecnológicas. Esto puede incluir eventualmente ciertas (así llamadas) “mejoras”, involucrando cuestiones éticas sobre las cuales se discurre actualmente en las extremas ideas post y transhumanistas.

En nuestra concepción, “autopercepción” no refiere a una disposición expectante, sino que involucra el dominio sobre un conjunto de contenidos diversos. Refiere a la autenticidad del ser. Por otro lado, no contempla solo el aspecto subjetivo individual de la identidad, lo que en último extremo puede conducir a visiones relativistas que dificultan la regulación. Al contrario, cabe tener muy en cuenta el rol decisivo de la intersubjetividad en la configuración de la identidad, que implica la pertenencia a una comunidad.

Las dimensiones dinámica e intersubjetiva, que complementan a las de continuidad y subjetividad, resultan de gran importancia si de verdad queremos adoptar un modelo de regulación que incluya la diversidad y contextualización cultural. Y lo son no solo para América Latina, sino también para otras latitudes de nuestro planeta. Sea como fuere, para evitar unidireccionamientos interpretativos, debemos escuchar las opiniones del lector.

Reflexión final

Hace cinco siglos, los abusos cometidos hacia los indígenas durante la conquista de América, contraviniendo el mandato al respecto de la corona española, provocaron el advenimiento de debates morales y legales inéditos hasta ese momento en el mundo. Estos debates, con la figura prominente de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca, sentaron las bases de lo que, tiempo después, terminaríamos por conocer como derechos humanos. Hoy, los avances neurotecnológicos traen consigo desafíos nuevamente inéditos y, también nuevamente, con América ejerciendo un papel protagonista. Es momento, otra vez, de estar a la altura.

Citación académica sugerida: Muñoz, José Manuel y Marinaro, José Ángel. Neuroderechos: de la novedad a la reconceptualización, Agenda Estado de Derecho, 2022/07/20. Disponible en: https://agendaestadodederecho.com/neuroderechos-de-la-novedad-a-la-reconceptualizacion/

Palabras clave: América Latina, autopercepción identitaria, continuidad psicológica, neuroderechos

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ACERCA DE LOS AUTORES
José Manuel Muñoz

Doctor en Filosofía de la Ciencia y Licenciado en Biología. Es investigador del Grupo Mente-Cerebro en el Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra, así como del Centro Internacional de Neurociencia y Ética (CINET) creado por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno (España). Actualmente trabaja como Research Fellow en el Gordon Center for Medical Imaging, perteneciente al Massachusetts General Hospital y la Harvard Medical School (Estados Unidos).

José Ángel Marinaro

Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales. Es profesor del Departamento de Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional de La Matanza (Argentina). Docente e investigador universitario en grado y posgrado en temáticas de neuroderechos, así como asesor honorario de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina.

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