Una semana sin sala de prensa: el conflicto entre el gobierno de Javier Milei y los medios de comunicación

3 de Junio de 2026
Créditos foto: Generada con IA

El cierre temporal de la sala de prensa de Casa Rosada reabrió el debate sobre el acceso periodístico a espacios institucionales. El episodio plantea preguntas sobre libertad de expresión, seguridad y democracia en Argentina.

Durante más de una semana (del 23 de abril al 4 de mayo de 2026), la histórica sala de prensa de Casa Rosada en Argentina permaneció cerrada. El acceso de periodistas acreditados fue suspendido, se bloquearon ingresos y se implementaron nuevas restricciones dentro de la sede del Poder Ejecutivo argentino. La medida generó críticas inmediatas de organizaciones periodísticas, asociaciones civiles y sectores políticos, y volvió a poner sobre la mesa una discusión sensible para cualquier democracia: hasta dónde puede limitar un gobierno el acceso a la información pública en nombre de la seguridad.

Aunque días después el gobierno revirtió parcialmente la medida y anunció la reapertura de la sala bajo un nuevo “protocolo de seguridad y convivencia”, el episodio dejó expuesta una tensión mucho más profunda que un conflicto administrativo o protocolar. Para comprender cómo se llegó a este punto es necesario reconstruir la secuencia de hechos que marcaron este nuevo capítulo en la relación entre el oficialismo y la prensa.

La confrontación con medios, más allá del cierre temporal de la sala de prensa

La confrontación entre el gobierno de Javier Milei y gran parte del periodismo argentino venía escalando desde mucho antes del cierre de la sala de prensa. Desde el inicio de la gestión, el presidente mantuvo una relación abiertamente hostil con numerosos periodistas y medios de comunicación, a quienes acusó reiteradamente de “operar”, “mentir” o responder a intereses políticos y económicos.

Con el paso de los meses, esa confrontación comenzó a trasladarse del plano discursivo a medidas concretas. Primero llegaron los ataques públicos a periodistas y decisiones orientadas a reformular el sistema de medios públicos argentinos, como la paralización y posterior disolución de Télam, la histórica agencia estatal de noticias fundada en 1945, que durante décadas funcionó como una de las principales redes federales de producción y circulación de información del país. La agencia contaba con 27 corresponsalías, amplificaba contenidos de medios locales y tenía un rol clave en la cobertura informativa de provincias y regiones que muchas veces quedan fuera de la agenda de los grandes medios privados. Más tarde se sumó la creación de espacios oficiales destinados a denunciar supuestas “operaciones mediáticas” que distintos sectores interpretaron como un retroceso sobre garantías históricas vinculadas al ejercicio periodístico.

En febrero de 2026, el gobierno impulsó dentro de su reforma laboral la derogación del Estatuto del Periodista Profesional. La propuesta generó rechazo de sindicatos, organizaciones de prensa y más de 3.000 periodistas, que advirtieron sobre el impacto que la medida podía tener sobre las condiciones laborales del sector y sobre el ejercicio independiente del periodismo. El Estatuto regula aspectos centrales de la actividad periodística, entre ellos estabilidad laboral, condiciones de contratación, indemnizaciones y reconocimiento profesional. Para quienes rechazaban la derogación, eliminar ese marco normativo no implicaba solamente una reforma administrativa o laboral: también podía profundizar la precarización del sector y debilitar garantías históricas vinculadas a la autonomía e independencia de la prensa.

La escalada continuó en abril, luego de que una investigación internacional basada en documentos filtrados revelara una presunta campaña de desinformación asociada a una red de influencia rusa que habría operado en medios argentinos. La publicación (difundida inicialmente por un consorcio internacional de medios y retomada en Argentina por distintos portales periodísticos) sostenía que la organización conocida como “La Compañía”, vinculada a estructuras de inteligencia rusas, habría financiado artículos destinados a desacreditar al gobierno de Javier Milei.

A partir de entonces, funcionarios y sectores afines al oficialismo comenzaron a vincular públicamente a determinados periodistas y medios con esas operaciones y avanzaron en revisiones y restricciones sobre acreditaciones para acceder tanto a Casa Rosada como al Congreso.

Ese punto resulta central para comprender la gravedad institucional del episodio. La discusión dejó de girar exclusivamente alrededor de diferencias políticas o editoriales y comenzó a desplazarse hacia otro terreno: determinados periodistas y medios empezaron a ser públicamente asociados desde sectores oficialistas a posibles operaciones de desinformación, espionaje o riesgos para la seguridad institucional. Las posteriores restricciones sobre acreditaciones y el argumento oficial de “garantizar la seguridad nacional” profundizaron esa lectura.

Una nueva línea discursiva: seguridad, desinformación y acreditaciones

Días después, el conflicto escaló aún más. El gobierno denunció una presunta vulneración de seguridad dentro de Casa Rosada a raíz de registros audiovisuales realizados por periodistas mediante lentes con cámara incorporada. Según la versión oficial, estos dispositivos habrían permitido captar imágenes de espacios sensibles dentro de la sede presidencial. La situación funcionó como fundamento para cerrar temporalmente la sala de prensa, restringir accesos y avanzar con nuevos protocolos internos de circulación y cobertura.

La narrativa oficial comenzó entonces a articular distintos conceptos: seguridad, espionaje, desinformación y convivencia institucional, para justificar un endurecimiento de las condiciones de acceso periodístico al poder político.

Esa línea discursiva fue explicitada públicamente por Javier Lanari (secretario de Comunicación y Prensa), quien sostuvo en redes sociales que la decisión de quitar las huellas dactilares a periodistas acreditados en Casa Rosada se había tomado “de manera preventiva ante la denuncia de Casa Militar por espionaje ilegal” y que el objetivo era “garantizar la seguridad nacional”.

El momento elegido para implementar las restricciones también generó cuestionamientos. Durante esos días, Casa Rosada recibió visitas de alto perfil vinculadas al sector tecnológico y de inteligencia artificial, entre ellas reuniones con Peter Thiel, cofundador de Palantir Technologies, empresa conocida por desarrollar herramientas de análisis masivo de datos utilizadas por gobiernos, fuerzas de seguridad y agencias de inteligencia en distintos países.

Aunque no trascendieron detalles precisos sobre los alcances de esas reuniones, la coincidencia temporal entre esos encuentros, las restricciones impuestas a la prensa y una agenda atravesada por denuncias e investigaciones vinculadas a presuntas irregularidades en préstamos hipotecarios, patrimonios personales, estafas y sobreprecios alimentó cuestionamientos desde sectores periodísticos y opositores. En ese contexto, algunos interpretaron que el cierre temporal de la sala de prensa también reducía la posibilidad de seguimiento directo, preguntas espontáneas e interacción cotidiana entre periodistas y funcionarios en un momento políticamente sensible.

Ahí aparece una contradicción difícil de ignorar. Mientras el gobierno justificaba las restricciones en una supuesta necesidad de proteger espacios sensibles de Casa Rosada, desde hace años existen recorridos oficiales, registros institucionales e incluso contenidos inmersivos en 360 grados promovidos por el propio Estado que muestran pasillos y sectores internos del edificio presidencial.

La propia Casa Rosada había sido incorporada oficialmente a Google Street View como parte de una política de apertura institucional. Eso deja una pregunta inevitable: ¿el problema era realmente mostrar esos espacios o quién tenía la capacidad de registrarlos sin mediación oficial?

La reacción de organizaciones periodísticas y asociaciones vinculadas a la libertad de expresión fue inmediata. Entidades como FOPEA y ADEPA manifestaron preocupación por las restricciones y advirtieron sobre el impacto que este tipo de medidas puede tener sobre el ejercicio periodístico y la calidad democrática. Algunos medios y periodistas incluso señalaron que el cierre de la sala de prensa no encontraba antecedentes comparables en períodos particularmente restrictivos de la historia reciente argentina. Más allá de la precisión histórica de esas afirmaciones, lo cierto es que el episodio activó rápidamente memorias sensibles vinculadas a censura, control estatal de la información y limitaciones al trabajo de la prensa.

El riesgo democrático de convertir al periodismo en amenaza

El conflicto también debe analizarse en el marco de una transformación más amplia en la manera en que el gobierno argentino se comunica con la ciudadanía. La administración de Javier Milei ha privilegiado desde el inicio de su gestión una estrategia basada en redes sociales, transmisiones digitales y canales propios, reduciendo progresivamente la intermediación periodística tradicional. Dentro de esa lógica, el periodismo aparece cada vez menos como un actor mediador del debate democrático y cada vez más como un espacio percibido desde el poder político como adversarial, hostil o sospechoso.

Desde la perspectiva del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el episodio resulta especialmente relevante. La libertad de expresión ocupa un lugar central dentro de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y los pronunciamientos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que históricamente han advertido sobre los riesgos de limitar injustificadamente (de manera directa o indirecta) el trabajo periodístico y el acceso a información pública.

El artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos establece que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y expresión, incluyendo la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole. La jurisprudencia interamericana ha sostenido además que este derecho posee una doble dimensión: protege tanto a quien emite información como a la sociedad en su conjunto, que tiene derecho a recibirla.

La Corte Interamericana ha sido especialmente clara al afirmar que la libertad de expresión constituye una piedra angular de toda sociedad democrática y que los Estados deben evitar no solo mecanismos de censura directa, sino también restricciones indirectas capaces de desalentar o limitar el ejercicio periodístico.

En distintos informes, la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH también ha advertido sobre los riesgos de la estigmatización de periodistas desde el poder político, especialmente cuando se los presenta como enemigos públicos, actores desestabilizadores o amenazas para la seguridad institucional. Este tipo de discursos no solo deterioran el clima democrático, sino que pueden habilitar contextos adversos para el ejercicio de la prensa y afectar el derecho colectivo a acceder a información plural e independiente.

En el caso argentino, las restricciones implementadas durante esos días no implicaron una prohibición absoluta del trabajo periodístico. Sin embargo, sí encendieron alarmas sobre la utilización de herramientas administrativas, criterios de seguridad y mecanismos de acreditación para limitar o condicionar el acceso de determinados periodistas a espacios institucionales clave.

El problema de fondo parece exceder incluso a la sala de prensa en sí misma. Lo que está en discusión es algo más amplio: las condiciones bajo las cuales el periodismo puede acceder a espacios institucionales y ejercer cobertura sobre el poder político, en una época donde los gobiernos producen y distribuyen cada vez más sus propios contenidos sin necesidad de intermediación periodística.

En ese contexto, la tensión entre el gobierno de Javier Milei y los medios de comunicación no puede entenderse únicamente como una disputa coyuntural o partidaria. Forma parte de una transformación más profunda en la relación entre poder, información y democracia, en la que el periodismo deja de ser visto como un actor incómodo pero necesario y comienza a ser construido, desde ciertos discursos oficiales, como un problema de seguridad, legitimidad o control institucional.

La reapertura de la sala de prensa redujo parcialmente el conflicto inmediato, pero dejó abiertas preguntas centrales para la democracia argentina y para toda la región: ¿puede un Estado restringir accesos apelando a criterios amplios de seguridad o desinformación? ¿Quién define qué periodistas son legítimos para ejercer cobertura institucional? ¿Qué ocurre cuando el poder político comienza a considerar a la prensa no como mediadora democrática, sino como amenaza?

En un país con una historia especialmente sensible respecto de la censura y el control estatal de la información, estas discusiones no son menores. Tampoco son únicamente argentinas. Forman parte de una tendencia global en la que distintos liderazgos políticos confrontan con los medios tradicionales mientras fortalecen modelos de comunicación directa, centralizada y altamente controlada.

Lo ocurrido durante esa semana en Casa Rosada fue mucho más que el cierre de una sala de prensa. Expuso una discusión más profunda sobre quién puede acceder, registrar y narrar el poder en una época donde los gobiernos producen cada vez más sus propias narrativas y reducen progresivamente los espacios de intermediación periodística.

Citación académica sugerida: Rubio Argüello, María Luz. Una semana sin sala de prensa: el conflicto entre el gobierno de Javier Milei y los medios de comunicación.. Agenda Estado de Derecho. 2026/06/03. Disponible en:  https://agendaestadodederecho.com/una-semana-sin-sala-de-prensa-el-conflicto-entre-el-gobierno/

Palabras clave sugeridas: Libertad de expresión, Argentina, periodismo institucional.

Comparte este artículo en...
Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp

¿En desacuerdo con este artículo?

¿Es importante profundizar sobre este tema?
Escribe tu artículo/respuesta sobre este tema y déjanos tu texto siguiendo las siguientes instrucciones

ACERCA DE LA AUTORA
María Luz Rubio Argüello

Semblanza: Comunicadora y periodista argentina con más de 10 años de experiencia en comunicación estratégica, periodismo de investigación y derechos humanos, con un enfoque actual en género y tecnología.

Artículos Relacionados

Sigue nuestro Newsletter en LinkedIn

Suscribirte en LinkedIn

Silvia Serrano

Abogada colombiana, LLM en International Legal Studies por la Universidad de Georgetown y Máster en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante. Es candidata a Doctora en Derecho por la Universidad de Georgetown. Actualmente se desempeña como Directora Asociada en el O'Neill Institute for National and Global Health Law y es docente en la Universidad de Georgetown y en programas de especialización y maestría en diversas universidades de América Latina. Anteriormente trabajó en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos donde tuvo varios cargos, principalmente como Coordinadora de la Sección de Casos a cargo de la etapa de fondo y del litigio ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Ariana Guevara Gómez

Es profesora ayudante e investigadora predoctoral en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Tiene un Máster en Democracia y Gobierno, y un Máster en Gobernanza y Derechos Humanos, ambos de la UAM. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela. Es integrante del Lab Grupo de Investigación en Innovación, Tecnología y Gestión Pública de la UAM. Su tesis doctoral aborda la relación entre género, tecnologías y sector público, con un especial énfasis en la Inteligencia Artificial. También ha publicado sobre innovación pública y colaboración entre administraciones públicas y ciudadanía. Formó parte del equipo editorial de Agenda Estado de Derecho desde 2020 hasta febrero de 2022.

Catalina Fernández Carter

Abogada de la Universidad de Chile y Magíster en Derecho Internacional de la Universidad de Cambridge. En el ámbito profesional, se ha desempeñado en el extranjero como asistente legal en la Corte Internacional de Justicia y consultora para la International Nuremberg Principles Academy. En Chile, ha trabajado como abogada para el Comité para la Prevención de la Tortura, y actualmente se desempeña en la División de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Asimismo, es académica de Derecho Internacional Público en la Universidad de Chile. Sus áreas de investigación incluyen el derecho internacional de los derechos humanos, la regulación de la actividad policial y su conformidad con estándares internacionales, el derecho internacional humanitario y el derecho penal internacional.

Edison Lanza

Ex Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hasta el 5 de octubre de 2020. Abogado y docente uruguayo egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República de Uruguay (Udelar). Actualmente es senior fellow en El Diálogo Interamericano (The Interamerican Dialogue) y consultor en libertades informativas de UNESCO y organizaciones de la sociedad civil. Se desempeña como Secretario de Relaciones Internacionales y Gobierno Abierto del Gobierno de Canelones (Uruguay).

Docente y conferenciasta en el campo de la libertad de expresión y el derecho a la información en prestigiosas universidades, entre ellas American University (Washington), Unam (México), Universidad Carlos III (España), Stanford (California), Universidad del Pacífico (Perú), UBA (Argentina) Universidad Diego Portales (Chile), Udelar (Uruguay) y Universidad de los Andes (Colombia). Periodista, columnista y colaborador asiduo en distintos medios de comunicación.

José Luis Caballero Ochoa

José Luis Caballero Ochoa es Licenciado en Derecho por el Tecnológico de Monterrey, Campus Chihuahua; Maestro en Derecho, por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España. Diplomado en derechos humanos y procesos de democratización por la Universidad de Chile. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Es académico – investigador en el Departamento de Derecho en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, del que fue su Director por seis años. Actualmente es Comisionado de la Comisión Internacional de Juristas. Ha participado o participa en diversas comisiones o consejos públicos, ciudadanos y académicos en México, entre los que destacan: el Consejo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal; la Junta Directiva del Instituto Federal de la Defensoría Pública; el Comité Consultivo del Centro de Estudios Constitucionales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; el Comité Académico y Editorial del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la Comisión de Selección del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, entre otros. Docente en diversos programas académicos en materia de derecho constitucional y derechos humanos en centros de educación superior nacionales, y ponente en congresos y foros académicos especializados en México, Argentina, Brasil, Chile, Guatemala, Colombia, España, Estados Unidos y Perú. Su papel como consultor y especialista ha implicado la elaboración de proyectos de ley, dictámenes técnicos bajo la figura de amicus curiae y peritajes internacionales. Su obra publicada consiste en más de 80 capítulos de libros y artículos en revistas especializadas sobre derecho constitucional, derechos humanos y derecho internacional de los derechos humanos, así como algunos libros en estas materias.

Leonel González

Doctorando en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Argentina); Master en Derecho Penal y Procesal Penal por Osgoode Hall Law School, Universidad de York (Canadá); Diplomado Latinoamericano sobre Reforma Procesal Penal por la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales (Chile); Abogado con orientación en Derecho Penal por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Actualmente es el Director de Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP). Durante 8 años fue el Director del Área de Capacitación del Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA), organismo internacional de la Organización de Estados Americanos (OEA), creado en 1999 por resolución de la Asamblea General de la OEA, con sede en Santiago de Chile.

María Luisa Piqué

Fiscal de la Procuración General de la Nación Argentina. Es abogada por la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió con diploma de honor, Especialista en derecho penal y procesal penal por la Universidad Torcuato Di Tella y Máster en Derecho por la Universidad de Georgetown. Fue becaria de la Fundación Fulbright y perita de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es profesora de Garantías Constitucionales del Derecho Penal Sustantivo y Procesal Penal de la Universidad de Buenos Aires, de Género y Derecho Penal en la Maestría en Derecho Penal de la Universidad de San Andrés y profesora invitada en distintas universidades, de grado y posgrado. Es autora de varios artículos en publicaciones académicas sobre temáticas de género y derecho penal y de garantías constitucionales en el proceso penal.

Mariano Fernández Valle

Abogado, Magíster en Derecho y Posgrado en Derecho Constitucional y Derechos Humanos por la Universidad de Palermo. Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Responsable del Programa para la Aplicación de Instrumentos de Derechos Humanos del Ministerio Público de la Defensa de la Nación. Integrante de la Red Latinoamericana de Académicas/os del Derecho - ALAS. Fue docente en diferentes universidades de Argentina, e investigador y docente en el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile. Sus temas de especialización son Derecho Internacional de los Derechos Humanos, Acceso a la Justicia y No Discriminación.

Mauricio Alarcón

Director Ejecutivo de Fundación Ciudadanía y Desarrollo, contacto nacional de Transparencia Internacional en Ecuador. Abogado y máster en Dirección y Gestión Pública, así como en Acción Política, Fortalecimiento Institucional y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho. Fue miembro suplente de la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador y asesor constitucional en el Consejo de Participación Ciudadana. Fellow del Centro para la Democracia, el Desarrollo y el Estado de Derecho de la Universidad de Stanford. Consultor para organizaciones nacionales e internacionales en temas de derechos humanos, libertad de expresión, acceso a la información, participación ciudadana, transparencia y lucha contra la corrupción.

Ángel Arellano

Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de la República de Uruguay, magíster en Estudios Políticos por la Universidad Metropolitana de Venezuela y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Santa María con especialización en Gobernabilidad y Gerencia Política por la Universidad Católica Andrés Bello y The George Washington University. Autor del libro «Venezolanos en el Uruguay» (2019). Trabaja como editor de la plataforma Diálogo Político y coordinador de proyectos del Programa Regional Partidos Políticos y Democracia en América Latina de la Fundación Konrad Adenauer.

Edgar Ortiz Romero

Abogado egresado de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala y con un Máster en Economía de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. En la actualidad, desempeña el cargo de Editor Asistente en el blog de la International Association of Constitutional Law (IACL) y es Director del área de Estudios Jurídicos en la Fundación Libertad y Desarrollo, un think tank basado en Ciudad de Guatemala. A nivel docente, ejerce como profesor tanto en la Universidad del Istmo como en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Adicionalmente, es columnista para el periódico guatemalteco La Hora. Sus principales áreas de investigación son el derecho constitucional y el derecho electoral.

Angelita Baeyens

Vicepresidenta de incidencia y litigio internacional del Robert F. Kennedy Human Rights. Baeyens lidera la estrategia de incidencia legal en derechos humanos de la organización, incluyendo el litigio de casos de alto impacto ante mecanismos de la ONU y sistemas regionales de protección, en temáticas relacionadas con la protección del espacio cívico y la lucha contra la discriminación, violencia e impunidad. Previamente se desempeñó como oficial de asuntos políticos en la ONU y como oficial de derechos humanos en la CIDH, donde también coordinó la Relatoría sobre personas defensoras. Es profesora adjunta de la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Recibió su título de abogada de la Universidad de Ibagué, Colombia, y su LL.M en derecho internacional de los derechos humanos de la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos.

Leonardo Nemer Caldeira Brant

Juez electo de la Corte Internacional de Justicia, además de profesor y director del Departamento de Derecho Público de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) y fundador del Centro de Derecho Internacional (CEDIN) y del Anuario Brasileño de Derecho Internacional. Tiene un máster de la UFMG y un doctorado de la Universidad París X Nanterre, y ha trabajado como jurista adjunto en el CIJ. Ha sido profesor visitante en el Institut des Hautes Études Internationales de la Université Panthéon-Assas Paris II, la Université Caen Basse-Normandie, la Université Paris-Ouest Nanterre la Défence y el Centro Lauterpacht de Derecho Internacional (Universidad de Cambridge, Reino Unido).

Edward Pérez

Abogado venezolano, egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. LL.M. en derecho internacional de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, y Magíster en políticas públicas de la Universidad de los Andes, en Colombia. Actualmente se desempeña como asesor legal senior del Centro de Derechos Reproductivos y docente de la Universidad de los Andes. Fue abogado de la Secretaría de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Katya Salazar

Directora Ejecutiva de la Fundación para el Debido Proceso (DPLF por sus siglas en inglés) organización regional dedicada a promover el Estado de derecho y los derechos humanos en América Latina. Antes de unirse a DPLF, fue Coordinadora Adjunta de la Unidad de Investigaciones Especiales de la Comisión de la Verdad de Perú, a cargo de la investigación de graves violaciones de derechos humanos ocurridas durante el conflicto armado interno en ese país. Previamente trabajó en la Adjuntía para los Derechos Humanos de la Defensoria del Pueblo de Perú y formó parte del equipo legal de la Coalición Contra la Impunidad (Alemania) que promovió el procesamiento penal en ese país de militares argentinos responsables de la desaparición de ciudadanos alemanes durante la dictadura argentina. Katya realizó sus estudios de derecho en la Pontifica Universidad Católica del Perú y de maestría en derecho internacional público en la Universidad de Heidelberg, Alemania.

Carlos Arturo Villagrán Sandoval

Experto afiliado al Constitution Transformation Network de la Universidad de Melbourne e investigador asociado de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Doctor en Derecho por la Escuela de Derecho de la Universidad de Melbourne y una Maestria en Derecho Público e Internacional en esa misma casa de estudios, y una Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rafael Landívar. Tiene experiencia en gobierno, especificamente en negociacion de tratados y convenciones, litigio en instancias internacionales e implementacion de instrumentos en materia de derechos humanos, y como consultor para organismos financieros internacionales.

Salvador Herencia-Carrasco

Candidato a doctor por la Facultad de Derecho de la Universidad de Ottawa (Canadá). Director de la Clínica de Derechos Humanos del Centro de Investigación y Enseñanza en Derechos Humanos (HRREC) y profesor de la Sección de Derecho Civil de la Universidad de Ottawa. Anteriormente trabajó en la Comisión Andina de Juristas, el Tribunal Constitucional y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú. Sus áreas de investigación son el Sistema Interamericano, Empresas y Derechos Humanos, Derecho Penal Internacional, TWAIL y libertad académica. Integrante del Grupo de Estudios Latinoamericano sobre Derecho Penal Internacional de la Fundación Konrad Adenauer.

María Dolores Miño

Es abogada por la Universidad San Francisco de Quito, y tiene un LL.M. por el Washington College of Law de American University, con enfoque en Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Es candidata para el título de Doctora en Derecho por la Universidad Externado de Colombia. Ha trabajado como especialista en la Relatoría Especial para la Libre Expresión de la CIDH, Fundamedios y la Dirección Nacional de DDHH en Ecuador. Actualmente, es Directora del Observatorio de Derechos y Justicia de Ecuador, docente en la Universidad Internacional del Ecuador, y socia fundadora de Gentium Law Consultores.

Marcia Aguiluz

Abogada costarricense, Máster en Derecho Internacional y Resolución de Conflictos por la Universidad para la Paz de las Naciones Unidas. Actualmente se desempeña como Directora Legal para América Latina en Women’s Link Worldwide, desde donde ejerce como estratega legal, líder de iniciativa y abogada litigante, con una gran responsabilidad para diseñar y liderar complejos proyectos legales, asimismo, es docente en la Universidad para la Paz, y en diversas universidades de Costa Rica. Anteriormente trabajó en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) como Directora del Programa para Centroamérica y México, en la Secretaría General de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y como consultora internacional. Marcia se especializa en el litigio estratégico con enfoque de género e interseccional.

Alfonso Herrea

Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Derecho Constitucional por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y en Derecho Constitucional y Ciencia Política por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid). Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Guerrero (México). Es Investigador Nacional nivel I del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT, México). En representación de México es miembro del Grupo de Justicia Constitucional y Derechos Fundamentales del Programa Estado de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad Adenauer.