En 2026, Guatemala renovará cargos clave como la Corte de Constitucionalidad, el TSE, el Ministerio Público y la Contraloría. Estas elecciones de segundo grado definirán si el país fortalece su Estado constitucional o lo debilita.
En Guatemala, buena parte del poder no se define únicamente en elecciones generales. La arquitectura institucional del país, como ocurre también en otros Estados latinoamericanos, descansa en una serie de designaciones indirectas que determinan quién administra la justicia constitucional, quién dirige la persecución penal, quién organiza los procesos electorales y quién controla el gasto público.
A esos mecanismos se les suele llamar “elecciones de segundo grado”. En teoría, buscan asegurar idoneidad y equilibrio, que las autoridades más sensibles no dependan de un solo actor político. En la práctica, sin embargo, estos procesos se han convertido con frecuencia en espacios donde se juega el poder real, muchas veces lejos de la ciudadanía y con niveles preocupantes de opacidad.
El 2026 concentrará en Guatemala varios de estos nombramientos: Tribunal Supremo Electoral, Corte de Constitucionalidad, Fiscal General y Jefe del Ministerio Público, Rectoría de la Universidad de San Carlos y Contraloría General de Cuentas. No es exagerado afirmar que se trata de un ciclo decisivo. Si estas instituciones se renuevan bajo criterios de independencia y legitimidad, se abrirá una oportunidad de recomposición democrática. Si, por el contrario, se profundizan patrones de captura, el daño institucional puede proyectarse durante años.
La Corte de Constitucionalidad (CC) es, formalmente, el órgano encargado de la defensa del orden constitucional (art. 268 Constitucional). Su función es clave: resolver amparos, controlar la constitucionalidad de las normas y actuar como último contrapeso frente a decisiones arbitrarias del poder público.
La Constitución guatemalteca diseñó una integración plural: cinco magistraturas nombradas por distintos órganos —Presidencia, Congreso, Corte Suprema de Justicia, Consejo Superior Universitario y Colegio de Abogados— con el propósito de evitar el monopolio de una sola fuerza política (artículos 268-272 Constitución).
Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que la pluralidad formal no basta si los órganos designantes también son objeto de presiones o capturas. En los últimos años, Guatemala ha visto cómo la justicia constitucional puede convertirse, en ciertos momentos, en una instancia de habilitación política más que de control constitucional.
En enero de 2026, el Congreso activó ya el proceso para designar a su representante ante la CC, confirmando que este ciclo no es hipotético, sino inmediato. El punto central es que una Corte subordinada no solo afecta casos concretos: redefine el sentido mismo de la Constitución como límite al poder.
El Tribunal Supremo Electoral (TSE) es el órgano que garantiza la organización y legalidad de los procesos electorales. En cualquier democracia, su independencia es una condición mínima para que la competencia política sea real.
La Ley Electoral y de Partidos Políticos regula su integración y funcionamiento. Pero en países con instituciones frágiles, el control del órgano electoral suele ser una de las rutas más eficaces para distorsionar la democracia sin necesidad de alterar votos directamente: basta con bloquear candidaturas, tolerar financiamiento ilícito o aplicar selectivamente sanciones.
En América Latina existen ejemplos recientes de cómo los tribunales electorales se vuelven campos de disputa estratégica. Guatemala no es ajena a ese riesgo. La renovación del TSE en este ciclo tiene un impacto directo sobre el horizonte electoral de 2027, y por eso distintas organizaciones han advertido sobre la relevancia crítica de este proceso.
La pregunta no es únicamente quién llega al cargo, sino con qué independencia podrá ejercerlo cuando enfrente presiones políticas inevitables.
La jefatura del Ministerio Público es, probablemente, una de las designaciones más delicadas. En contextos democráticos, una fiscalía general debe ser garante de legalidad y persecución del crimen. En contextos de deterioro institucional, puede convertirse en lo contrario, en un aparato de persecución selectiva o de protección de redes ilícitas.
El modelo guatemalteco establece que una Comisión de Postulación propone una nómina y el Presidente elige entre los candidatos. En teoría, se trata de un balance entre evaluación técnica y decisión política. En la práctica, el riesgo aparece cuando el proceso de nómina se convierte en un filtro cerrado: si se controla quién entra en la lista, se controla el resultado.
La región conoce bien este fenómeno. Fiscalías cooptadas han sido utilizadas para criminalizar opositores o asegurar impunidad, como se ha observado en distintos grados en Nicaragua, El Salvador o Honduras. Guatemala enfrenta en 2026 una decisión que marcará no solo una institución, sino el sentido mismo del Estado de Derecho: si el Ministerio Público investigará estructuras criminales o si continuará siendo un instrumento de poder.
La Universidad de San Carlos tiene un papel singular en Guatemala. No solo es la universidad pública histórica, sino que posee autonomía constitucional y participa en la designación de magistraturas ante la Corte de Constitucionalidad.
La Constitución establece que su gobierno corresponde al Consejo Superior Universitario, integrado por rector, decanos y representantes de estudiantes, docentes y colegios profesionales (artículo 83).
La elección de Rector se realiza mediante el Cuerpo Electoral Universitario, compuesto por representantes docentes, estudiantiles y profesionales (artículo 5). En consecuencia, la disputa rectoral no es únicamente universitaria: tiene efectos institucionales más amplios.
En enero de 2026, medios nacionales reportaron que los colegios profesionales ya comenzaron a convocar elecciones internas para elegir representantes ante ese cuerpo electoral. Esto confirma que el proceso está en marcha y que su transparencia será determinante.
Cuando la autonomía universitaria se degrada, no solo pierde la universidad: pierde el país, porque se erosiona uno de los espacios públicos fundamentales de legitimidad social y formación profesional.
La Contraloría General de Cuentas es el órgano superior de control del gasto público. Su función constitucional es auditar el uso de recursos estatales y determinar responsabilidades administrativas o patrimoniales cuando corresponda. Su titular es electo por el Congreso para un período de cuatro años y no puede ser reelecto (art. 233).
El proceso parte de una nómina propuesta por una Comisión de Postulación, como ha sido descrito en guías procedimentales de observación institucional. En teoría, se trata de un mecanismo diseñado para preservar un perfil técnico e independiente. En la práctica, sin embargo, la Contraloría puede convertirse en un nodo estratégico de poder, no solo por su capacidad de fiscalización, sino por su incidencia directa en el ejercicio de derechos políticos.
Esto ocurre especialmente a través de la emisión de la constancia transitoria de inexistencia de reclamación de cargos, conocida en la práctica como “finiquito”. Este documento es un requisito legal para optar a cargos públicos de elección popular en Guatemala. La Ley Electoral y de Partidos Políticos establece expresamente que no podrán ser inscritos como candidatos quienes no acrediten dicha constancia extendida por la Contraloría (art. 113).
En un sistema institucional sano, el finiquito debería ser un instrumento administrativo objetivo: certificar que una persona no tiene cuentas pendientes derivadas de responsabilidades establecidas conforme a derecho. El problema surge cuando este mecanismo se utiliza de forma discrecional o instrumentalizada, abriendo la puerta a un fenómeno grave: la exclusión política mediante denuncias espurias o señalamientos administrativos sin sustento.
En los últimos años, la región ha observado cómo herramientas aparentemente técnicas: inhabilitaciones administrativas, auditorías selectivas, expedientes abiertos sin resolución, pueden operar como formas indirectas de restricción del pluralismo democrático. En Guatemala, el riesgo es particularmente sensible porque basta con la existencia de reclamaciones o procesos administrativos iniciados para generar obstáculos en la emisión del finiquito, incluso cuando no existe sentencia firme ni responsabilidad probada.
Así, una Contraloría capturada no solo deja de fiscalizar correctamente: puede transformarse en un filtro político que decide, de facto, quién puede o no competir en elecciones generales. En un contexto donde proliferan denuncias instrumentales y donde las instituciones de control han sido objeto de presiones, este poder administrativo adquiere una dimensión profundamente democrática.
Por eso, la elección del Contralor en 2026 no debe entenderse únicamente como un nombramiento técnico. Es parte del mismo mapa de integridad institucional que el Tribunal Supremo Electoral, la Corte de Constitucionalidad o el Ministerio Público. Sin un órgano de control independiente y, sin garantías de que el finiquito no sea utilizado como arma de exclusión, no hay competencia electoral genuina ni Estado de Derecho sostenible.
Guatemala enfrenta en 2026 una concentración de designaciones que no puede ser tratada como rutina administrativa. Son elecciones indirectas, sí, pero con efectos profundamente democráticos.
Si estos procesos se desarrollan mediante pactos opacos, exclusiones indebidas o capturas corporativas, el resultado será previsible: instituciones que no arbitran, fiscalías que no investigan, órganos electorales vulnerables y contralorías que administran silencios.
Pero también existe una oportunidad. En sistemas comparables, se han introducido estándares mínimos que fortalecen legitimidad: (i) expedientes públicos y verificables; (ii) audiencias reales con preguntas sustantivas; (iii) control efectivo de conflictos de interés; (iv) observación ciudadana e internacional y (v) decisiones motivadas y trazables.
Para una audiencia latinoamericana, Guatemala ofrece una lección central: la democracia no se erosiona únicamente en elecciones generales. También se erosiona o se reconstruye en estos procesos indirectos de segundo grado que definen el Estado desde dentro y el quienes y el cómo se harán los contrapesos.
Lo que ocurra en 2026 será, en buena medida, la definición del Estado constitucional guatemalteco para la próxima década.
Citación académica sugerida:
Sandoval, Juan Francisco. Guatemala 2026: elecciones de segundo grado y el futuro inmediato del Estado constitucional. Agenda Estado de Derecho. 2026/02/19. Disponible en: https://agendaestadodederecho.com/elecciones-guatemala-2026/
Palabras clave: Guatemala; democracia; Estado constitucional; independencia institucional.
¿Es importante profundizar sobre este tema?
Escribe tu artículo/respuesta sobre este tema y déjanos tu texto siguiendo las siguientes instrucciones
Licenciado en Ciencias Jurídicas y máster en derecho penal por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Tiene estudios en derechos humanos, teoría del delito, criminalística forense y derecho constitucional. Estuvo vinculado al Ministerio Público de Guatemala (2006-2021) donde se desempeñó como fiscal de sección en la Fiscalía Especial Contra la Impunidad. Durante más de 10 años trabajó con el acompañamiento de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, donde dirigió las investigaciones de los casos más importantes en la historia del país. Realizó labor docente en la Universidad Mariano Gálvez de Guatemala, donde se desempeñó como titular del curso de Derecho Procesal Penal; asesor y revisor de tesis de graduación y evaluador de examen técnico profesional. Es profesional visitante en la Fundación para el Debido Proceso DPLF (Estados Unidos) y becario visitante no residencial de la National Endowment for Democracy (NED) por medio del Fondo Carl Gershman para Demócratas en Riesgo
Comparte tu trabajo o perspectiva con nosotros, sigue las opciones dando clic en el siguiente botón.
Para saber a profundidad lo que pasa con los derechos humanos en América Latina y el Estado de Derecho suscríbete a nuestro boletín digital.
Abogada colombiana, LLM en International Legal Studies por la Universidad de Georgetown y Máster en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante. Es candidata a Doctora en Derecho por la Universidad de Georgetown. Actualmente se desempeña como Directora Asociada en el O'Neill Institute for National and Global Health Law y es docente en la Universidad de Georgetown y en programas de especialización y maestría en diversas universidades de América Latina. Anteriormente trabajó en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos donde tuvo varios cargos, principalmente como Coordinadora de la Sección de Casos a cargo de la etapa de fondo y del litigio ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Es profesora ayudante e investigadora predoctoral en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Tiene un Máster en Democracia y Gobierno, y un Máster en Gobernanza y Derechos Humanos, ambos de la UAM. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Central de Venezuela. Es integrante del Lab Grupo de Investigación en Innovación, Tecnología y Gestión Pública de la UAM. Su tesis doctoral aborda la relación entre género, tecnologías y sector público, con un especial énfasis en la Inteligencia Artificial. También ha publicado sobre innovación pública y colaboración entre administraciones públicas y ciudadanía. Formó parte del equipo editorial de Agenda Estado de Derecho desde 2020 hasta febrero de 2022.
Abogada de la Universidad de Chile y Magíster en Derecho Internacional de la Universidad de Cambridge. En el ámbito profesional, se ha desempeñado en el extranjero como asistente legal en la Corte Internacional de Justicia y consultora para la International Nuremberg Principles Academy. En Chile, ha trabajado como abogada para el Comité para la Prevención de la Tortura, y actualmente se desempeña en la División de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Asimismo, es académica de Derecho Internacional Público en la Universidad de Chile. Sus áreas de investigación incluyen el derecho internacional de los derechos humanos, la regulación de la actividad policial y su conformidad con estándares internacionales, el derecho internacional humanitario y el derecho penal internacional.
Ex Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hasta el 5 de octubre de 2020. Abogado y docente uruguayo egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República de Uruguay (Udelar). Actualmente es senior fellow en El Diálogo Interamericano (The Interamerican Dialogue) y consultor en libertades informativas de UNESCO y organizaciones de la sociedad civil. Se desempeña como Secretario de Relaciones Internacionales y Gobierno Abierto del Gobierno de Canelones (Uruguay).
Docente y conferenciasta en el campo de la libertad de expresión y el derecho a la información en prestigiosas universidades, entre ellas American University (Washington), Unam (México), Universidad Carlos III (España), Stanford (California), Universidad del Pacífico (Perú), UBA (Argentina) Universidad Diego Portales (Chile), Udelar (Uruguay) y Universidad de los Andes (Colombia). Periodista, columnista y colaborador asiduo en distintos medios de comunicación.
José Luis Caballero Ochoa es Licenciado en Derecho por el Tecnológico de Monterrey, Campus Chihuahua; Maestro en Derecho, por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España. Diplomado en derechos humanos y procesos de democratización por la Universidad de Chile. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Es académico – investigador en el Departamento de Derecho en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, del que fue su Director por seis años. Actualmente es Comisionado de la Comisión Internacional de Juristas. Ha participado o participa en diversas comisiones o consejos públicos, ciudadanos y académicos en México, entre los que destacan: el Consejo de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal; la Junta Directiva del Instituto Federal de la Defensoría Pública; el Comité Consultivo del Centro de Estudios Constitucionales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; el Comité Académico y Editorial del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la Comisión de Selección del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, entre otros. Docente en diversos programas académicos en materia de derecho constitucional y derechos humanos en centros de educación superior nacionales, y ponente en congresos y foros académicos especializados en México, Argentina, Brasil, Chile, Guatemala, Colombia, España, Estados Unidos y Perú. Su papel como consultor y especialista ha implicado la elaboración de proyectos de ley, dictámenes técnicos bajo la figura de amicus curiae y peritajes internacionales. Su obra publicada consiste en más de 80 capítulos de libros y artículos en revistas especializadas sobre derecho constitucional, derechos humanos y derecho internacional de los derechos humanos, así como algunos libros en estas materias.
Doctorando en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Argentina); Master en Derecho Penal y Procesal Penal por Osgoode Hall Law School, Universidad de York (Canadá); Diplomado Latinoamericano sobre Reforma Procesal Penal por la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales (Chile); Abogado con orientación en Derecho Penal por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Actualmente es el Director de Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (INECIP). Durante 8 años fue el Director del Área de Capacitación del Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA), organismo internacional de la Organización de Estados Americanos (OEA), creado en 1999 por resolución de la Asamblea General de la OEA, con sede en Santiago de Chile.
Fiscal de la Procuración General de la Nación Argentina. Es abogada por la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió con diploma de honor, Especialista en derecho penal y procesal penal por la Universidad Torcuato Di Tella y Máster en Derecho por la Universidad de Georgetown. Fue becaria de la Fundación Fulbright y perita de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es profesora de Garantías Constitucionales del Derecho Penal Sustantivo y Procesal Penal de la Universidad de Buenos Aires, de Género y Derecho Penal en la Maestría en Derecho Penal de la Universidad de San Andrés y profesora invitada en distintas universidades, de grado y posgrado. Es autora de varios artículos en publicaciones académicas sobre temáticas de género y derecho penal y de garantías constitucionales en el proceso penal.
Abogado, Magíster en Derecho y Posgrado en Derecho Constitucional y Derechos Humanos por la Universidad de Palermo. Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Responsable del Programa para la Aplicación de Instrumentos de Derechos Humanos del Ministerio Público de la Defensa de la Nación. Integrante de la Red Latinoamericana de Académicas/os del Derecho - ALAS. Fue docente en diferentes universidades de Argentina, e investigador y docente en el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Chile. Sus temas de especialización son Derecho Internacional de los Derechos Humanos, Acceso a la Justicia y No Discriminación.
Director Ejecutivo de Fundación Ciudadanía y Desarrollo, contacto nacional de Transparencia Internacional en Ecuador. Abogado y máster en Dirección y Gestión Pública, así como en Acción Política, Fortalecimiento Institucional y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho. Fue miembro suplente de la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador y asesor constitucional en el Consejo de Participación Ciudadana. Fellow del Centro para la Democracia, el Desarrollo y el Estado de Derecho de la Universidad de Stanford. Consultor para organizaciones nacionales e internacionales en temas de derechos humanos, libertad de expresión, acceso a la información, participación ciudadana, transparencia y lucha contra la corrupción.
Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de la República de Uruguay, magíster en Estudios Políticos por la Universidad Metropolitana de Venezuela y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Santa María con especialización en Gobernabilidad y Gerencia Política por la Universidad Católica Andrés Bello y The George Washington University. Autor del libro «Venezolanos en el Uruguay» (2019). Trabaja como editor de la plataforma Diálogo Político y coordinador de proyectos del Programa Regional Partidos Políticos y Democracia en América Latina de la Fundación Konrad Adenauer.
Abogado egresado de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala y con un Máster en Economía de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. En la actualidad, desempeña el cargo de Editor Asistente en el blog de la International Association of Constitutional Law (IACL) y es Director del área de Estudios Jurídicos en la Fundación Libertad y Desarrollo, un think tank basado en Ciudad de Guatemala. A nivel docente, ejerce como profesor tanto en la Universidad del Istmo como en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Adicionalmente, es columnista para el periódico guatemalteco La Hora. Sus principales áreas de investigación son el derecho constitucional y el derecho electoral.
Vicepresidenta de incidencia y litigio internacional del Robert F. Kennedy Human Rights. Baeyens lidera la estrategia de incidencia legal en derechos humanos de la organización, incluyendo el litigio de casos de alto impacto ante mecanismos de la ONU y sistemas regionales de protección, en temáticas relacionadas con la protección del espacio cívico y la lucha contra la discriminación, violencia e impunidad. Previamente se desempeñó como oficial de asuntos políticos en la ONU y como oficial de derechos humanos en la CIDH, donde también coordinó la Relatoría sobre personas defensoras. Es profesora adjunta de la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Recibió su título de abogada de la Universidad de Ibagué, Colombia, y su LL.M en derecho internacional de los derechos humanos de la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos.
Juez electo de la Corte Internacional de Justicia, además de profesor y director del Departamento de Derecho Público de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) y fundador del Centro de Derecho Internacional (CEDIN) y del Anuario Brasileño de Derecho Internacional. Tiene un máster de la UFMG y un doctorado de la Universidad París X Nanterre, y ha trabajado como jurista adjunto en el CIJ. Ha sido profesor visitante en el Institut des Hautes Études Internationales de la Université Panthéon-Assas Paris II, la Université Caen Basse-Normandie, la Université Paris-Ouest Nanterre la Défence y el Centro Lauterpacht de Derecho Internacional (Universidad de Cambridge, Reino Unido).
Abogado venezolano, egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. LL.M. en derecho internacional de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, y Magíster en políticas públicas de la Universidad de los Andes, en Colombia. Actualmente se desempeña como asesor legal senior del Centro de Derechos Reproductivos y docente de la Universidad de los Andes. Fue abogado de la Secretaría de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Directora Ejecutiva de la Fundación para el Debido Proceso (DPLF por sus siglas en inglés) organización regional dedicada a promover el Estado de derecho y los derechos humanos en América Latina. Antes de unirse a DPLF, fue Coordinadora Adjunta de la Unidad de Investigaciones Especiales de la Comisión de la Verdad de Perú, a cargo de la investigación de graves violaciones de derechos humanos ocurridas durante el conflicto armado interno en ese país. Previamente trabajó en la Adjuntía para los Derechos Humanos de la Defensoria del Pueblo de Perú y formó parte del equipo legal de la Coalición Contra la Impunidad (Alemania) que promovió el procesamiento penal en ese país de militares argentinos responsables de la desaparición de ciudadanos alemanes durante la dictadura argentina. Katya realizó sus estudios de derecho en la Pontifica Universidad Católica del Perú y de maestría en derecho internacional público en la Universidad de Heidelberg, Alemania.
Experto afiliado al Constitution Transformation Network de la Universidad de Melbourne e investigador asociado de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Doctor en Derecho por la Escuela de Derecho de la Universidad de Melbourne y una Maestria en Derecho Público e Internacional en esa misma casa de estudios, y una Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rafael Landívar. Tiene experiencia en gobierno, especificamente en negociacion de tratados y convenciones, litigio en instancias internacionales e implementacion de instrumentos en materia de derechos humanos, y como consultor para organismos financieros internacionales.
Candidato a doctor por la Facultad de Derecho de la Universidad de Ottawa (Canadá). Director de la Clínica de Derechos Humanos del Centro de Investigación y Enseñanza en Derechos Humanos (HRREC) y profesor de la Sección de Derecho Civil de la Universidad de Ottawa. Anteriormente trabajó en la Comisión Andina de Juristas, el Tribunal Constitucional y el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú. Sus áreas de investigación son el Sistema Interamericano, Empresas y Derechos Humanos, Derecho Penal Internacional, TWAIL y libertad académica. Integrante del Grupo de Estudios Latinoamericano sobre Derecho Penal Internacional de la Fundación Konrad Adenauer.
Es abogada por la Universidad San Francisco de Quito, y tiene un LL.M. por el Washington College of Law de American University, con enfoque en Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Es candidata para el título de Doctora en Derecho por la Universidad Externado de Colombia. Ha trabajado como especialista en la Relatoría Especial para la Libre Expresión de la CIDH, Fundamedios y la Dirección Nacional de DDHH en Ecuador. Actualmente, es Directora del Observatorio de Derechos y Justicia de Ecuador, docente en la Universidad Internacional del Ecuador, y socia fundadora de Gentium Law Consultores.
Abogada costarricense, Máster en Derecho Internacional y Resolución de Conflictos por la Universidad para la Paz de las Naciones Unidas. Actualmente se desempeña como Directora Legal para América Latina en Women’s Link Worldwide, desde donde ejerce como estratega legal, líder de iniciativa y abogada litigante, con una gran responsabilidad para diseñar y liderar complejos proyectos legales, asimismo, es docente en la Universidad para la Paz, y en diversas universidades de Costa Rica. Anteriormente trabajó en el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) como Directora del Programa para Centroamérica y México, en la Secretaría General de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y como consultora internacional. Marcia se especializa en el litigio estratégico con enfoque de género e interseccional.
Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Derecho Constitucional por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y en Derecho Constitucional y Ciencia Política por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid). Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Guerrero (México). Es Investigador Nacional nivel I del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT, México). En representación de México es miembro del Grupo de Justicia Constitucional y Derechos Fundamentales del Programa Estado de Derecho para Latinoamérica de la Fundación Konrad Adenauer.