23 de Febrero del 2021

¿Para el 2023 se podrá superar la pandemia?

El desafío más importante para la especie humana es acabar con la pandemia en dos años. No obstante, tal y como ha empezado el proceso de vacunación más grande de la historia, es altamente probable que esa meta no se pueda alcanzar dado que asistimos a una rapiña global para adquirir las primeras dosis. Al cierre de enero del 2021, los cálculos no superaron los cien millones de personas inmunizadas frente a una población global cercana a los 8000 millones, de la cual —según los cálculos epidemiológicos fijados para 2023— se requiere inmunizar alrededor del 70%.

Una breve vista a los datos demuestra que estamos lejos, lejos de llegar a la meta del 2023 de seguir al paso que vamos. Aunque en parte las limitaciones son técnicas, como la capacidad de los laboratorios para cumplir con la demanda, la principal barrera no es física o técnica, sino “ficticia”. Estamos frenados por poderosas ficciones jurídicas y políticas que nos impiden ver y entender el momento en el que nos encontramos.

La ficción jurídica de las “patentes”

Se denominan “patentes” los derechos exclusivos que los Estados conceden a una empresa o persona para que pueda explotar de forma exclusiva un invento o producto; y es así, porque es un incentivo para que existan inversiones y esfuerzos para investigar sobre ciertos temas o productos. Tal y como aconteció con la búsqueda “global” de la vacuna contra el SARS-CoV-2 (Covid-19), que activó la destinación de miles de millones de euros, dólares, yenes y otras monedas tanto de entidades públicas como privadas para encontrar en tiempo récord las vacunas.

A la fecha, corporaciones provenientes de Alemania, China, Estados Unidos de América, Reino Unido, Rusia y Suecia tienen en circulación para uso de emergencia nueve vacunas cuya efectividad oscila entre 50% y 95%. Como ciudadano, entiendo que hay muchos intereses en juego (económicos, geopolíticos y sociales, entre otros). También, soy consciente de que cuentan con una protección legal de orden nacional, regional e internacional que garantiza, por ejemplo, el derecho de una empresa como Coca Cola a no compartir su fórmula mágica, así como el de cualquier farmacéutica de no hacer pública la información técnica sobre sus productos por un lapso determinado. En el caso de Coca Cola, es coherente que se proteja el secreto de una compañía para producir un líquido no esencial. Pero surge la duda de si debe ser así para el líquido de una vacuna que precisamente durante una pandemia es urgente ya que de ello dependen la vida y la salud de miles de millones de personas.

Sobre la base de estas premisas, las ficciones jurídicas denominadas “patentes”, “derecho de autor”, “secreto empresarial” —creadas por el derecho— corresponden a una barrera sólida que deja a la voluntad de un laboratorio la posibilidad de compartir la información técnica para que otros laboratorios puedan o no reproducirla, así como bloquear su uso incluso en caso de que se obtenga la información técnica. La vía para lograr esta remota pero no imposible posibilidad, desde una perspectiva internacional, depende principalmente del interés y la voluntad empresariales de un lado y del otro de las maniobras que las organizaciones internacionales y regionales puedan articular en favor de la vida y la salud por encima de otra ficción: el dinero.   

Hasta el momento, poca efectividad ha tenido la excelente propuesta de India y Sudáfrica (apoyada por 99 países más) ante la Organización Mundial del Comercio para que se suspendiera temporalmente la propiedad intelectual sobre tecnologías, medicamentos y vacunas contra el nuevo coronavirus mientras la duración de la pandemia. ¿La razón del poco éxito?: la resistencia de poderosos países y de la industria farmacéutica proveniente del denominado Norte global. En consecuencia, de seguir todo como va, la salud y la vida de millones a escala global dependerán de una cuestión ética o de misericordia por parte de las pocas personas que poseen empresas farmacéuticas. Infortunadamente, en el campo de la ética y la misericordia, la reputación de las farmacéuticas no es la mejor y asistimos a un arrodillamiento mundial que pasará a la historia.

La ficción de los nacionalismos y las consecuencias del America first, del Brasil acima de tudo, y en general de la filosofía del ‘yo y mi país primero’

El inicio del siglo XXI se ha caracterizado por las persistentes críticas a la globalización desde distintos frentes: filosóficos, políticos, económicos, distributivos y de otra índole. Sobre el fenómeno desglobalizante abundan ejemplos ya no solo en el discurso, sino también directamente en la praxis política. Desde hace años, varios países clave del mundo están siendo gobernados por personas y grupos de poder que no tienen interés de actuar con base en valores globales, sino nacionales. Como síntomas de este problema es posible citar ejemplos conocidos en cada continente.

A lo anterior, se suma la ausencia de organizaciones de integración sólidas en América Latina, África y Asia, lo cual ha llevado a que en la escena mundial el Sur global actúe de la forma menos eficiente y más débil: la unilateral. La situación es tan grave que la única organización regional de integración política funcional existente, la Unión Europea, ha sacado (y de la peor manera posible) la bandera del Europe first frente a las vacunas.

La creación de los Estados nacionales y de la división de los poderes precisamente surgió de la necesidad de reprimir instintos primitivos como aquel de que se imponga la fuerza sobre la razón.  Precisamente, ante una pandemia es cuando los principios fundantes de los sistemas políticos contemporáneos se ponen a prueba y, a su vez, las instituciones con las que tratamos de dominar esas pasiones primitivas. Los saltos en la prelación de las vacunas por parte de personas con cargos públicos —o simplemente con dinero, la corrupción que ya ha brotado en la administración de la pandemia y la avaricia de deplorables intereses son señales negativas de un avance distópico del siglo XXI.

El modelo económico tal y como se está dejando operar ante la pandemia, la individualidad y el nacionalismo son las peores vías para tratar de solucionar el problema de la crisis y sus efectos futuros. La esperanza de una salida razonable está en entender que la solución a una problemática de estas características requiere enfrentar las barreras sin olvidar que corresponden a “ficciones” que es posible ductilizar ante una situación tan grave como la actual. Hay cosas que el dinero no puede ni debe comprar.

¿Vías para cumplir la meta de 2023?

Lo que propongo, de ninguna manera, plantea desconocer los derechos de las farmacéuticas a lucrarse por sus esfuerzos económicos e investigativos frente a la pandemia. Soy consciente de que la factura hay que pagarla y con creces, con la salvedad de que el “cuándo” es lo que podría cambiarse. ¿Qué va a pasar con la potente financiación de recursos públicos que se invirtieron para alcanzar las vacunas? ¿Cuál será el rol de China ya no en el origen sino en la solución a la pandemia? ¿Los beneficios económicos serán todos para las farmacéuticas? ¿Se justifica la intervención (estatal o internacional) para garantizar la vida y la salud global con el fin de discutir la parte monetaria después?  

De seguir al paso actual de producción de vacunas (en manos de unas pocas empresas y respaldadas por intereses chovinistas), la meta del 2023 no se podrá alcanzar. Estamos ante una gran oportunidad para aplicar un cambio estructural en el actual régimen de derecho internacional económico y su relación con los derechos humanos. Por tal razón, creo que la clave frente al caso de la pandemia está en liberar información lo más pronto posible en aras de proteger el derecho a la salud y la vida, con el condicionamiento y seguimiento de protocolos en su producción por terceros países. La iniciativa COVAX, de la Organización Mundial de la Salud, aunque sin dientes, podría ser una excelente vía de articulación para alcanzar la meta del 2023.

Dado que la solución está en manos de las economías más “avanzadas”, en el evento de que los argumentos basados en los derechos no los convenza, quizá seguro el utilitarismo económico pueda hacerlo. Según cálculos recientes, de no vacunar a las personas por fuera de las fronteras de los países ricos o que vivimos en “el mundo en desarrollo”, el impacto económico les podría costar hasta 9.2 billones de dólares. Sé que lo que señalo y propongo es un disparo al aire y que la propuesta liderada por India y Sudáfrica o similares difícilmente será acogida. A pesar de ello, quería aprovechar esta tribuna para recordar la fuerza y el impacto de las “ficciones” que a pesar de ser intangibles, transforman la realidad. En esta oportunidad, nuevamente, en perjuicio de la gran mayoría de la humanidad.

Citación académica sugerida: Herrera, Juan: ¿Para el 2023 se podrá superar la pandemia?, 2021/02/23, https://agendaestadodederecho.com/para-el-2023-se-podra-superar-la-pandemia/

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ACERCA DEL AUTOR
Juan C. Herrera, Ph.D.

Ha trabajado para la Corte Constitucional de Colombia y en el Instituto Max Planck de Derecho Público Comparado y Derecho Internacional Público en Heidelberg-Alemania. También como docente e investigador de la Universidad de los Andes (Bogotá) y de la Universitat Pompeu Fabra UPF (Barcelona).

En paralelo a la docencia e investigación, se dedica a la consultoría con entidades públicas y privadas sobre derecho público y asuntos latinoamericanos.

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